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Rapidísimo, pero ¿cierto?

Más allá de que parezca necesario replantearse las nociones básicas del periodismo según las transformaciones ha sufrido gracias al desarrollo de las tecnologías de la información, la circunstancia presente ha propiciado una relativización insospechable de la veracidad: cada vez más difícil fiarse de nadie.

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Imagen de un video donde se explica cómo funciona la plataforma Checkdesk.
Imagen de un video donde se explica cómo funciona la plataforma Checkdesk.

Nada más viejo que el diario de ayer, solía decirse cuando los periódicos eran el medio principal en el que viajaban las noticias. Nada más viejo que esa frase, puede decirse ahora, cuando “la historia de lo inmediato”, como famosamente definió Renato Leduc al periodismo, cambia a un ritmo más acelerado que la atención que podemos poner a esos cambios. Más allá de que parezca necesario replantearse las nociones básicas del periodismo según las transformaciones que su práctica ha sufrido gracias al desarrollo de las tecnologías de la información, la circunstancia presente ha propiciado una relativización insospechable de la veracidad de cuanto pasa por noticioso: no es sólo que los medios convencionales, ahora, deban orientar sus contenidos más por la profundización y la reflexión de lo que sucede, antes que por su mera comunicación (las “exclusivas” ya son muy raras, y no son privilegio de la prensa tradicional), sino que la profusión incesante de fuentes (tantas como individuos hay en el mundo con una conexión a internet) ha vuelto cada vez más difícil fiarse de nadie, a la vez que ha permitido desenmascarar cada vez más rápidamente los engaños, voluntarios o involuntarios, y estar en guardia contra las versiones infundadas o distorsionadas de los hechos.

La supuesta fotografía del presidente venezolano Hugo Chávez moribundo que el periódico español El País publicó antes de verificar su autenticidad, es un caso aleccionador sobre las consecuencias que acarrea la premura. Por otra parte, se ha vuelto inevitable que la proliferación de registros de la actualidad inmediata a través de las redes sociales influya decisivamente en la comprensión de los hechos y en las lecturas subsecuentes (fenómeno que, desde luego, tienen en cuenta las compañías que posibilitan esos registros). Pero el problema consiste en la rapidez con la que se esparce la información: la ejecución del terrorista Osama Bin Laden, por ejemplo, rompió en su momento el récord, al alcanzar los cuatro mil “tuits” por segundo, dos horas antes de que se diera a conocer por televisión.

¿Cómo orientarse para separar los rumores y las versiones excesivas o carentes de sustento, de los hechos verificables? Por lo que concierne a las redacciones de los medios establecidos, no tienen más remedio que esforzarse por contrastar las informaciones a toda velocidad, y para ello lo idóneo parece que se sirvan de la misma tecnología: el sitio Verification Junkie concentra varios recursos que sirven a ese fin, como Checkdesk, una plataforma que pone en contacto a los usuarios de la redes con los periodistas profesionales. A los consumidores de información no nos queda sino elegir mejor en quién confiar, y estar alertas. El mayor peligro no es la rapidez: es la ingenuidad. m

 

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