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"Página en tu nombre", de Francisco Hernández

Francisco Hernández es referencia indispensable en el mapa de la poesía mexicana de nuestros días y un buen comienzo cuando se trata de acercar al lector universitario algunas de las voces más intensas que la conforman

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Erotismo, humor e ironía son constantes en la obra poética de Hernández. Foto: AFP
Erotismo, humor e ironía son constantes en la obra poética de Hernández. Foto: AFP

Página en tu nombre

Tu nombre se puede morder como manzana.

Huele a mango de Manila y a naranja china.

Me deja la lengua morada al igual que el chagalapoli

y la escobilla.

Lo trituro y respiro yerbabuena.

Al separarlo estalla una granada.

Crece a la altura de la flor de caña, es la enredadera

que sube por la cerca o se extiende a ras de patio,

perseguidor de coralillos, sandías y verdolagas.

Si lo agito escucho el agua que lo llena.

Si se lo doy al loco de la casa, volará a la punta

del cerro y lo hará flauta.

Para librarme de la oscuridad lo conservo en un frasco.

Con la luz que despide se ilumina esta página.

 

La extensa obra de Francisco Hernández (San Andrés Tuxtla, Veracruz, 1946) es referencia indispensable en el mapa de la poesía mexicana de nuestros días. Es un buen comienzo, cuando se trata de acercar al lector universitario algunas de las voces más intensas que la conforman. La poesía de Hernández se interna con maestría por muy diversos territorios; desde las coplas que canta a través de su alter ego Mardonio Sinta, hasta los desdoblamientos que consigue al dejarse habitar por otras voces, como sucede en el caso de uno de sus libros más célebres, Moneda de tres caras (1994), donde rinde homenaje al compositor Robert Schumann y a los poetas Hölderlin y Trakl. El erotismo, el humor, la ironía —con frecuencia vuelta contra sí mismo— suelen despuntar en sus poemas. Este que aquí presentamos es una breve muestra de los poderes que la palabra del poeta ejerce en su búsqueda de un instante luminoso. Un nombre —quizás un nombre amado— se transforma: es una fruta, una hierba, una flor; salta pronto a la dimensión del agua para, luego de un nuevo giro, volverse música, luz. Y esa luz es la que alumbra la hoja en la que el poema ha quedado escrito. Francisco Hernández ha recibido los principales reconocimientos que nuestro país entrega a la labor de un poeta, entre ellos, el Premio de Poesía Aguascalientes, el Premio Xavier Villaurrutia y el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Una muestra amplia de su escritura se encuentra en el volumen Poesía reunida (UNAM, 1996). Y entre sus libros más recientes: Población de la máscara (2009) y Mal de Graves (2013), ambos publicados por la editorial Almadía. Leerlo será sumergirse en un mundo donde la más completa extrañeza se vuelve cotidiana y las cosas más sencillas nos revelan su perfil desconocido. m.

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