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Otros cautiverios

Más allá de la penitenciaría o el hospital psiquiátrico, en el cine es posible encontrar diversidad y riqueza mayores. La mente como una prisión, como un factor de confinamiento, ha sido un asunto socorrido

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Imagen de la película «Truman Show»
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La prisión ha inspirado a un amplio abanico de películas. Desde el más “automático”, el drama carcelario, hasta exploraciones de orden simbólico. En el primer grupo es imperioso considerar dos películas que se inspiran en novelas de Stephen King y que dirigió Frank Darabont: Sueños de libertad (The Shawshank Redemption, 1994), que recoge la amistad entre dos presos y para mucha gente es la mejor película de todos los tiempos, y Milagros inesperados (The Green Mile, 1999), que tiene un aliento metafísico.

No obstante, en otros ámbitos —más allá de la penitenciaría o el hospital psiquiátrico— es posible encontrar diversidad y riqueza mayores. La mente como una prisión, como un factor de confinamiento, ha sido un asunto socorrido. Por esta ruta circulan, entre otros, autores como Luis Buñuel (en particular en Él), Christopher Nolan (en su cortometraje Doodlebug o su largo Amnesia) o David Lynch (en una buena parte de su filmografía). Las diferentes aristas de la pérdida de la libertad —de la prisión que no necesariamente supone reclusión— también han sido motivo de inspiración. Es el caso de las adicciones, que impiden hacerse cargo de la realidad. Este tema ha sido abordado por cineastas distantes y distintos, como el británico Steve McQueen y el estadunidense Darren Aronofsky.

El espacio como limitante es un recurso provechoso para empujar el drama: los personajes no pueden huir y se ven forzados a convivir, lo que se traduce en un pretexto verosímil y precipita los eventos (como en Titanic o Luna amarga).

 

Él (1953)

Luis Buñuel

Francisco es un hombre respetable, “completamente normal y sensato”. En una reunión en su casa, los invitados comentan sobre un espacio diseñado por el padre del anfitrión, que “parece guiado por la pasión y el instinto”. Más adelante ahí se apersona Francisco visiblemente alterado; sobre la escena se proyectan sombras que sugieren barrotes. Cuando él comienza a golpear el barandal de la escalera, imagen y sonido sugieren una prisión: Francisco no es tan normal como nos decían: es prisionero... de su irracionalidad. En este pasaje de la obra maestra que es Él, brilla la genialidad del gran Buñuel.

 

Deseos culpables (Shame, 2011)

Steve McQueen

Brandon es joven, vive en Nueva York y lleva un estilo de vida que cabría ubicar en los parámetros del éxito. Sin embargo, y contra toda apariencia, acostumbra consumir pornografía y contratar prostitutas: es adicto al sexo. Esto condiciona su cotidianidad y le impide establecer relaciones sanas. McQueen, que siguió a un preso en Hunger (2008) y a un esclavo en 12 años de esclavitud (2013), muestra cómo el adicto reduce los ya de por sí restringidos márgenes de libertad que tiene el hombre moderno en una sociedad consumista. La infelicidad y un malestar crónico forman el paisaje que, así, se impone.

 

Cadena perpetua (1979)

Arturo Ripstein

El Tarzán Lira es célebre en los barrios bajos como ladrón y proxeneta. Pero tras sus pasos invariablemente aparece el Comandante Prieto, y las visitas a la cárcel se vuelven un hábito. Años después, Lira busca reivindicarse y ganarse la vida decentemente. Pero entonces reaparece el inevitable Prieto y le propone un trato: a cambio de “protegerlo”, le exige una cuota diaria. Con un guión de Vicente Leñero, inspirado en la novela Lo de antes, de Luis Spota, Ripstein exhibe la corrupción nuestra de cada día y denuncia un sistema de justicia que condena a cadena perpetua al que ya pagó por sus faltas.

 

El Show de Truman (Truman Show, 1998)

Pet er Weir

Truman es un sonriente hombre ordinario que lleva una buena relación con vecinos y compañeros de trabajo. Pero su mundo se cae cuando descubre que todo a su alrededor es una puesta en escena y que es el personaje principal de una serie de televisión; descubre además que, para él, el estudio es una prisión. Weir reflexiona acerca de los excesos a los que puede llegar la industria televisiva para ganar dinero. Pero acaso más valiosa es la exhibición de la vida cotidiana como una serie de repeticiones, de rutinas, de ficciones, que aprisionan y que provocan la pérdida del contacto con la realidad real.

 

El resplandor (The Shining, 1980)

Stanley Kubrick

Para Jack Torrance, escritor estancado y con problemas económicos, el trabajo invernal como velador de un hotel vacío parece ser una buena oportunidad, porque se puede concentrar en escribir. Conforme pasan los días, sin embargo, su comportamiento se enrarece y deviene irascible. Para su mujer, la preocupación se convierte en miedo al leer lo que escribe: una sola frase, repetida indefinidamente: “Puro trabajo y nada de juego hacen de Jack un chico aburrido”. Kubrick se inspira en una novela de Stephen King, hace del hotel una prisión, acompaña a un personaje encerrado y lleva la rutina laboral al terreno del terror. m.

Para ver

:: Él (Fragmentos mencionados en el texto: 18:52-19:34 y 1:04:07-1:07:04)

:: Escena final de Requiem for a Dream.

:: “New York, New York” en Shame.

:: Texto de The Guardian sobre Steve McQueen.

:: Sobre The Shining (Martin Scorsese, Jack Nicholson y otros.

:: Cadena perpetua.

:: El mal y la cárcel. Reportaje sobre el experimento de la cárcel de Stanford.

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