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Ligeros, pero no «light»

En literatura la etiqueta light tiene un sentido poco halagüeño y es usada más bien por aquellos lectores que desdeñan, con ella, todo cuanto juzgan superficial o prescindible. Pero hay excepciones.

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El ensayista Michel Tournier
El ensayista Michel Tournier

Quienes consumen alimentos promovidos con la etiqueta light lo hacen con la ilusión de que su ingesta no redundará —o no tanto— en el ensanchamiento de la propia silueta. Pero leer no engorda (o no directamente: claro que la báscula resentirá las horas que todo lector pase sentado o tumbado). ¿Por qué, entonces, alguien puede preferir libros ligeros? De hecho, en los terrenos de la literatura dicha etiqueta tiene un sentido poco halagüeño: títulos y autores calificados como light nunca se ostentarán como tales, y es un término usado más bien por aquellos lectores que desdeñan con él cuanto juzgan superficial o prescindible.

Se entiende por light aquello que brinda entretenimiento (o incluso enseñanzas) de modo sencillo. Por eso, muchos best-sellers entran en esa categoría y llegan a ser tan exitosos. Pero su atractivo tiene un efecto pernicioso: inhiben el descubrimiento de lecturas de mayor peso (las verdaderamente nutritivas). Son obras, ha escrito Mario Vargas Llosa, “que no ponen en ejercicio tu inteligencia ni tu capacidad de raciocinio, que no te plantean dudas o problemas. Son una agradable ensoñación, casi como tomarse un tranquilizante: te descansan, te sedan un poco, pero eso crea lectores pasivos. ¿Qué inconveniente tiene eso? Que rápidamente puedes llegar a descubrir que, si eso es lo que te interesa, entonces ¿para qué leer?”.

Aquí, cinco casos de autores que no caerán de peso. Ligeros, pero de alto valor nutricional.

 

Bertrand Russell

Bertrand Russell El filósofo británico Bertrand Russell tuvo la audacia y la astucia para encarar las grandes cuestiones humanas con un estilo grácil y accesible, en virtud del cual sus libros, de gran tonelaje intelectual, se deslizan de un modo leve y muy disfrutable. En concreto, el libro La conquista de la felicidad: un título que sí, suena hasta ingenuo (¿cuántos libros de superación personal no alardean de haber llegado a  semejante conquista?), pero que brinda un conocimiento esencial casi sin que nos demos cuenta.

 

Milan Kundera

Milan Kundera Ya en su novela más célebre, La insoportable levedad del ser, el checo Milan Kundera proponía una forma óptima de ir por la vida deshaciéndose de lastres insoportables (la Historia, principalmente, cuando nos arrastra consigo). Hecha con parábolas de las que se desprende cómo la existencia se vuelve cautiverio cuando dejamos que nos anclen nuestra gravedad y nuestra pesadumbre, siempre un poco ridículas, la obra de Kundera (que, además, se deja leer siempre nítidamente) tiene en su último título un corolario admirable: La fiesta de la insignificancia.

 

P. G.  Wodehouse

P. G.  Wodehouse Un mundo en el que no existen la muerte, la guerra ni el dolor, poblado por personajes enfrascados en peripecias tal vez triviales (enamoramientos, ingeniosos malentendidos) y cuyo candor al afrontarlas los vuelve entrañables y propicia historias memorables por lo divertidas que son. P. G. Wodehouse, creador de ese mundo que abarca casi un centenar de novelas, entendía que lo mejor que podía hacer por sus lectores era, sencillamente, alegrarles la vida. Y lo consiguió: no hay página suya que podamos pasar sin reír. ¿Y qué mejor modo de ir ligeros que mediante la risa?

 

Michel Tournier

Michel Tournier Ensayista dispuesto a la comprensión elemental de cuanto lo rodea y guiado por un sentido casi infantil de la maravilla, Michel Tournier es un autor cuyas inteligencia y sensibilidad están, en buena medida, al servicio de la revelación asombrosa de la belleza. Pero, además, posee una facultad casi milagrosa para que su actitud se comunique como una constante vital a cada uno de sus lectores: leer un libro como Celebraciones es hacerse de un modo de ver cuyo mejor efecto será comprender cómo nada nunca tendría por qué pesarnos tanto.

 

Harold Bloom

Harold Bloom Peso pesado de la crítica literaria, Harold Bloom es un autor al que conviene tener en cuenta si uno quiere someterse a un régimen provechoso de lecturas. En libros como El canon occidental y Cómo leer y por qué, el profesor Bloom recomienda adiestrarse para elegir sólo los mejores platillos en el gran banquete de la literatura universal, y para precaverse contra la chatarra que podrá saciarnos, pero no llenarnos. Los mejores placeres son los placeres difíciles, advierte. Y es que, en literatura, de lo que se trata es de ganar peso.

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