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La formación del cuerpo masculino

Las teorías feministas han explicado cómo se producen los cuerpos femeninos mediante discursos y tecnologías estéticas, pero ¿qué ocurre con los cuerpos masculinos? ¿Cómo se producen? ¿Qué los define?

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David Reimer nació hombre, pero luego de un accidente se le
David Reimer nació hombre, pero luego de un accidente se le "asignó" la identidad de una mujer.

Si consideramos que lo “natural” es que existan solamente cuerpos de hombres y de mujeres, no es porque ésta sea la realidad absoluta de los cuerpos, sino porque hay formas de poder que producen esos cuerpos en un esquema binario. Los cuerpos de mujeres y de hombres no nacen, se hacen. Este esquema binario no es mera casualidad, sino que opera para reproducir una jerarquía en la que lo masculino se impone y se define en relación con la negación, la exclusión y el sometimiento de lo femenino. Las teorías feministas han explicado cómo se producen los cuerpos femeninos mediante discursos y tecnologías estéticas, pero ¿qué ocurre con los cuerpos masculinos? ¿Cómo se producen? ¿Qué los define?

Todo comienza con un diagnóstico al nacer que prescribe la masculinidad como destino si se cuenta con un pene. El caso de David Reimer muestra lo catastrófico que resulta interferir con ese diagnóstico: su pene fue accidentalmente quemado durante la circuncisión cuando era un recién nacido, lo que para su familia ponía en peligro su capacidad de “ser hombre”. La solución que aportó el psicólogo John Money fue asignarle la identidad de “mujer”, ocultándole en la infancia que alguna vez tuvo pene y vistiéndolo y tratándolo como mujer (¿?). Porque un hombre sin pene… no, eso no puede ser, a eso se le llama mujer y eso representa un problema…

La formación de los cuerpos masculinos continúa con descargas de violencia. Desde la infancia, los hombres aguantan, los hombres no lloran, los hombres son fuertes. Esta formación se justifica con el supuesto rol que deben cumplir de proveedores/protectores en la vida adulta; sin embargo, el orden que sostiene esta premisa es el del capitalismo que requiere cuerpos que no dejen de producir a pesar del cansancio y el dolor, así como del ejercicio de la violencia sobre otros cuerpos, principalmente los femeninos. De hecho, afirmar la masculinidad sólo tiene sentido a partir de “feminizar” otros cuerpos, tal como se ha observado microscópicamente en las prisiones de hombres, pero que ocurre del mismo modo en los patios escolares.

Como explica la teórica butch J. Halberstam, mientras “parecer mujer” requiere la realización de múltiples operaciones y esfuerzos estéticos, para “parecer hombre” no hay que hacer gran cosa. Porque el cuerpo masculino habitualmente no requiere exponerse para que sus capacidades sean valoradas, incluso para detentar privilegios. Sin embargo, son los cuerpos masculinos los que más son heridos, mutilados y aniquilados en conflictos armados, porque la masculinidad se presenta como expresión de fuerza. Aunque digan estar defendiendo patrias y territorios, su lógica es la de la conquista, no la de los cuidados. Y desarticular esta masculinidad (¿será posible otra?) es urgente. m.

Para saber más

:: Masculinidad femenina, de Judith Halberstam (Egales, 2008).

:: The Mask You Live In, documental de The Representation Project (disponible en Netflix).

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