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Hay que ser optimista por obligación moral. Entrevista con Carmen Aristegui

Su caso ha sido entendido como una señal de alarma en torno a los peligros que corre la libertad de prensa en el país. "Hay que ser optimistas por obligación moral, o por un sentido de sobrevivencia", ha dicho la periodista.

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Recién ha terminado su programa matutino de la radio —transmitido de manera extraordinaria desde la capital jalisciense—, y Carmen Aristegui no para. La encuentro en el amplio lobby de uno de los hoteles próximos a la Expo Guadalajara, justo en la semana en que la ciudad se llena de escritores y también de periodistas y comunicadores. Es decir, durante la Feria Internacional del Libro (FIL), en pleno otoño tapatío.

No faltan los fans de la periodista y comunicadora mexicana que se le acercan para saludarla, para hacerle alguna invitación, un comentario o quizá para “filtrarle” alguna información. O para que les firme su libro Uno de dos. 2006: México en la encrucijada (Grijalbo), en donde conversa ampliamente con Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, los candidatos punteros de las pasadas elecciones presidenciales. Su trabajo en radio, televisión y prensa la han convertido en una celebridad. Considerada como una de las periodistas con mayor audiencia y credibilidad en México, Aristegui estuvo aquí para moderar una mesa redonda —auspiciada por el diario español El País— sobre el futuro de la prensa, en la que los participantes coincidieron en que el futuro de la prensa es el futuro de la democracia, y viceversa.

Vestida de manera cómoda, con una blusa y unos pantalones claros, esta rubia de inconfundible melena acepta con amabilidad sentarse un momento en un sillón. Es evidente su facilidad de palabra. Y también su velocidad para evadir, a la manera de un piloto de Fórmula Uno, preguntas personales o, en todo caso, para situarse en una posición privilegiada frente a su interlocutor, aunque a veces la sintaxis termine pagando los platos rotos. Acostumbrada a entrevistar, cuando se le entrevista Aristegui produce la sensación de que ha leído o tal vez estudiado todas las preguntas de antemano. Es una ilusión, claro, pero en lo que no hay duda es en que para esta comunicadora capitalina, una de las voces más agudas —incluso en el sentido literal— de la radio y la televisión, el tiempo apremia. Y ya vamos tarde.

¿Tú escogiste el periodismo o el periodismo te escogió a ti?
Mutuamente.

¿Qué te aportó haber estudiado en la universidad? Tengo entendido que cursaste Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Sí, estudié Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y bueno, me aportó, supongo yo (risas), las herramientas básicas para enfrentar una tarea como la que hacemos tú y yo. Sobre todo me aportó la carga universitaria a favor de las humanidades, la carga universitaria a favor de la diversidad, de la pluralidad, los grandes ejes que uno esperaría tener en una actividad como la periodística. Y pues ser parte de la unam ya es en sí una definición biográfica.

Se dice que un periodista se hace en la calle; sin embargo, tú en gran medida te has formado dentro de las redacciones, ¿no es así?
Sí, tengo un perfil donde mi tarea ha sido en las mesas de redacción. He estado en algunas tareas periodísticas fuera de ese entorno, pero yo me alimento de lo que hacen mis colegas en el frente de batalla, cuando van y cubren las informaciones. Soy receptora de muchas informaciones que proceden de esta tarea y mi trabajo ha sido organizar, coordinar y presentar al auditorio el trabajo de muchos. Éste es un trabajo absolutamente colectivo.

Cuéntanos de las vicisitudes que enfrentaste para abrirte camino en los medios como mujer.
No me es fácil hablar de mi biografía particular para referirme a un contexto que es desfavorable para las mujeres. Empecé a trabajar en los medios como asistente de producción en Imevisión (televisora del gobierno), cuando aún estaba estudiando en la universidad. Más o menos en 1987. Pero sobre la condición de ser mujer, yo te diría que es un tema que abarca al país entero, al mundo entero. Es una circunstancia endémica, digamos, en términos de marginación, de dificultades de acción, etcétera.

Pero me imagino que te tocó una lucha muy específica, porque en 1987 había muchas menos mujeres trabajando en los medios mexicanos.
Sí. Además hay un tema cultural no resuelto que es un tema delicado para las mujeres y, en general, para las sociedades: a final de cuentas sí creo que las mujeres tenemos que hacer un doble o triple esfuerzo para el reconocimiento y el avance. Hay una predisposición cultural contra las mujeres en términos de su opinión, de su capacidad de decisión, de su desenvolvimiento en los temas públicos. Eso es un asunto que nos cruza de lado a lado y, por tanto, a cualquier mujer que pretenda tener un espacio en la dirección de algo, en un puesto de representación popular o en un medio de comunicación, y buscar una presencia destacada, importante, como tiene derecho cualquier ciudadana a aspirar, pues tiene sus complicaciones, porque hay una tara cultural que obliga a las mujeres a trabajar más o a tener que demostrar más. Lo digo en general, como una situación no resuelta.

Cuando se le pregunta sobre sus simpatías hacia el aún vigente movimiento feminista, Aristegui responde categórica: “Mira, si ser feminista tiene que ver con hacer todo lo posible para que la condición de las mujeres cambie, tómame por feminista. ¿Haciendo qué? Lo que sea necesario”. Y agrega: “Para mí, la simple postura de alguien a favor de una equidad en la sociedad y de la apertura de espacios a las mujeres, es bienvenida. Así sea una sufragista como las grandes mujeres fundacionales, o así sea una mujer que esté en este momento abogando a favor de la despenalización del aborto, la veo con enorme simpatía; aun si determinadas posturas resultan controvertidas o exageradas para algunos. Simpatizo con cualquier intento de hombres y mujeres a favor de las mujeres”.

Si nos remontamos a tus tiempos de estudiante universitaria, ¿qué te inquietaba de la realidad política y social mexicana? y ¿qué te inquieta ahora?

Los grandes ejes de preocupación para mí (y me parece que para cualquier ciudadano que esté interesado en lo que le ocurre a su país), no han variado sustancialmente en algunas cosas. Y han variado en algunas otras. No han variado, por ejemplo, en el tema de la pobreza, de la inequidad pavorosa que hay en México, de un sistema de la distribución del ingreso absolutamente injusto, como en pocos países del mundo. En un país donde tenemos el lujo de tener al hombre más rico del mundo, pues tenemos una franja de la población absolutamente en la miseria. Lamentablemente eso no ha variado mucho. Los avances, si los ha habido, son francamente marginales. Tiene que haber una revolución de algún tipo en las políticas públicas del modelo económico. Y ése es un tema que marca buena parte de los demás temas. Eso por un lado. Otro tema de preocupación de entonces y de ahora tiene que ver con un modelo de competencia política que, si bien ha tenido transformaciones importantes, no ha logrado posicionarse como plenamente democrático. Las preocupaciones estudiantiles de aquellos ayeres, hoy pueden ser preocupaciones profesionales cuando ves que la democracia, que ha tenido un trayecto tormentoso, difícil, lento, no acaba de asentarse debidamente porque hay todavía grandes concentraciones que impiden que lo que el librito dice que debe ser democrático, se establezca en nuestro país.

PRENSA Y DEMOCRACIA
Durante la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Carmen Aristegui fue la moderadora de la mesa “El futuro de la prensa”, convocada por el diario El País. Dicho panel giró alrededor de la premisa propuesta por Javier Moreno, director del periódico español, en el sentido de que el futuro de la prensa —y de los medios de información en general— es el futuro de la democracia, y viceversa. Cuestionada al respecto, la periodista mexicana se declara absolutamente de acuerdo: “No es entendible ni concebible una democracia plena sin una prensa plena, y tampoco una prensa plena sin una democracia plena. Creo que el debate sobre el futuro de la prensa se coloca en diferentes niveles. Uno de ellos tiene que ver con las acechanzas a la prensa escrita por razones de las nuevas tecnologías, de la fuerza y la potencia de internet. En otro nivel se encuentran las acechanzas para la vida democrática y las acechanzas para una prensa libre. Este tema tiene que ver con los poderes fácticos, el narcotráfico, los cacicazgos, los grandes corporativos, los medios de comunicación en manos de hombres de negocios. En la mesa de la fil se defendió a los corporativos porque se planteó la necesidad de tener independencia económica para tener independencia editorial. Está bien, pero no resuelve lo otro, eso que cuestionaba Kapuscinski: ¿qué va a pasar ahora que todo está en manos de hombres de negocios, si el periodismo o los medios ya no son manejados por los periodistas?”.

Hay quienes sostienen que en estos momentos la gran amenaza para la libertad de expresión son los propios anunciantes.
Sí, creo que esa amenaza también se da en diferentes planos. El periodismo atrapado en la lógica de los negocios. Hay dos asuntos. Los grandes anunciantes que pueden o pretenden determinar los contenidos desde fuera, es decir, un gran anunciante que dice: “si tú sacas cierto tipo de contenidos, yo no me anuncio contigo”. Condicionan los contenidos de esa manera por una extorsión comercial, digámoslo así. Otro asunto es el enorme poderío que puede tener un grupo empresarial, un gran corporativo de medios, que de pronto se coloca por encima de los poderes establecidos. Más que para el periodismo, dicha acechanza es para el país entero y para la democracia. México es un caso tipo sobre el tema.

¿De ahí tu postura crítica frente al duopolio Televisa-Televisión Azteca?
Absolutamente. Creo que es el caso emblemático. Sí, porque aquí tú ves un modelo mediático con niveles de concentración pocas veces visto en el mundo de hoy. No hay países que tengan una concentración (de medios) como la de México. Puede ser que Cuba o China, pero estás hablando de modelos políticos distintos al democrático. Pero en el mundo democrático nadie tiene, en dos manos, 90% de las televisoras. Nadie concentra en dos manos la franja mayoritaria de la publicidad, de la cobertura de las audiencias. Eso atenta contra la vida democrática. El tema del duopolio y de las grandes concentraciones y de los poderes fácticos que se colocan por encima de los poderes establecidos es el gran debate en este momento. Justo ahora, cuando tú y yo platicamos, se está debatiendo sobre la reforma electoral y hay un agarrón fenomenal entre los concesionarios, a quienes les duele la cartera pero también el poder, porque encima de lo que dejan de perder, con ingresos de campañas políticas, estás hablando de un intento de redefinir el tipo de relación entre el poder mediático y el poder político. Y ahí crujen las estructuras.

MOMENTO CRUCIAL
Para la conductora del programa televisivo que lleva su apellido, México se encuentra en un momento crucial en materia de legislación sobre medios de comunicación: “No es gratuito que justamente ahorita escuchemos discursos como el de Ricardo Salinas Pliego (dueño de Televisión Azteca), en donde hace acusaciones severísimas contra los políticos que a su vez le contestan, y tenemos un nivel de rispidez entre ambos poderes, que nos están hablando de que aquí va a pasar algo. Vamos a ver si los legisladores terminan de cruzar este puente y si en el camino no caen en tentaciones que desvirtúen la esencia de esta reforma que, desde mi punto de vista, es muy valiosa, muy valiente, de redefinir esta relación entre políticos y medios de comunicación o estructuras corporativas. Ojalá que en el camino no vayan a machucar efectivamente nuestras libertades. 

  

Me gustaría saber tu opinión sobre la cobertura y el manejo de la información que se le está dando a temas globales como el del cambio climático, por ejemplo.
Carlos Fuentes hablaba en una entrevista de que está ocurriendo una especie de cambio civilizatorio ¿no? Y hablaba de la internet, y hablaba del cambio climático y hablaba de los grandes ejes trasformadores o de cambio que hay en nuestra realidad en el mundo. Una de las grandes preguntas es si los periodistas estamos abordando de la mejor manera posible este cambio civilizatorio. No lo sé. Espero que sí. Pero si vemos, por ejemplo, que lo ocurrido en Tabasco es explicado por la autoridad como efecto del cambio climático, pues me parece que se puede convertir en el gran pretexto. Y entonces entre la luna llena y el cambio climático se va a opacar la posibilidad de discutir qué pasó con el manejo de las presas, si se hicieron o no las obras necesarias, y si hubo o no responsabilidades administrativas. El cambio climático puede ser un pretexto para todas las desgracias, negligencias y tonterías de los políticos. Lo que también quiero decir es que el cambio climático pertenece a ese tipo de fenómenos novedosos, apabullantes. Son los grandes signos apocalípticos que uno no acaba de entender hasta dónde llegan, cuándo empiezan y de qué tamaño van a ser. Entonces el abordaje informativo no es más que un esbozo, un intento de acercamiento a lo inasible, a lo inabarcable, algo en lo que ni siquiera los científicos, que se supone que son la mejor herramienta de la humanidad para entender lo que nos ocurre, se terminan de poner de acuerdo. Hay debates de científicos respecto al alcance del cambio climático, pero no hay una opinión contundente de ese tema, como no la hay sobre hacia dónde se dirige la humanidad en términos de comunicación con internet, por ejemplo. El tema de la inmediatez, de los cambios culturales que se están presentando y de los que nos faltan por ver. Si somos o no homo videns, en vez de homo sapiens, para citar a Sartori. Todos ésos son acercamientos, aproximaciones, a lo que es un gran hoyo negro para la humanidad. Ahora, tampoco se trata de flagelarse y de cerrar los ojos. Yo veo grandes pinceladas oscuras y grandes pinceladas luminosas. Porque también los “sin frontera” de la comunicación, las expresiones como YouTube son fascinantes y abren nuevos espacios para los ciudadanos. La recomposición de la representación social está cruzando por ahí. La generación de los contenidos de los medios también está cruzando por ahí. Las agendas de los políticos de alguna manera tienen que considerar estos nuevos espacios, ¿o tú te hubieras imaginado un debate en CNN Internacional en coordinación con YouTube, como los hemos visto? Bueno, estamos en una circunstancia fascinante y no necesariamente negativa. El momento está arrojando luces muy interesantes de cómo la humanidad se recompone.    

 

SOBREVIVENCIA MORAL
Ante este panorama, la periodista mexicana dice tener sentimientos encontrados: “Porque tampoco puede uno decir que vamos a regresar a las aldeas, negando lo que no se puede negar. Esto no tiene regreso. Déjame citar a una amiga mía que dice que hay que ser optimistas por obligación moral (risas), o por un sentido de sobrevivencia. Sobrevivencia moral. Me parece que no tiene nada absolutamente de malo apostarle a cierta dosis de optimismo de los nuevos canales que se pueden abrir para la formación de ciudadanos, espero más libres, que puedan determinar de otra manera sus existencias, que tengan una relación distinta con sus gobernantes, que puedan ejercer su cacho de poder y una distribución distinta precisamente de las decisiones. Pues bueno, vamos a ver qué pasa con la humanidad”.

Finalmente, ¿qué te provoca este papel que tú has jugado por años como figura mediática? Hay para quienes tú eres una “líder de opinión”.
Te imaginarás que el concepto mismo de “líder de opinión” resulta medio odioso. De entrada aceptar una cosa así es bastante cuestionable. Difícil. Querría decir que alguien se puede poner en un banquito a liderar la opinión de una sociedad.

Pero es el lugar que te dan los medios.
Sí, pero resulta chocante y medio odioso, aunque entienda la noción del asunto. En todo caso, lo que puede definir el punto es una postura frente a los temas de interés general, en donde uno pone más énfasis en ciertas cuestiones que en otras, en donde uno toma ciertos asuntos, no quiero decir que como una causa —aunque algunos lo vean así—, pero con un seguimiento más allá de lo que dictarían las dinámicas radiofónicas o televisivas. Insistir en un asunto para tratar llegar a sus últimas consecuencias o por lo menos que haya una consecuencia con la información que se presenta. Tal vez eso pueda definir un estilo de hacer periodismo. Y a lo mejor puede ser que me definan algunas situaciones que me preocupan profundamente o que yo creo, espero no estar tan equivocada, que son de interés para los que nos siguen. Pero de ahí a aceptar ese “liderazgo de opinión”, pues hay una distancia tremenda. En el mejor de los casos, si algún mérito tuviera, sería el intento de palpar, de suponer, de tratar de entender, lo que a la gente le mueve, lo que a la gente le genera un punto de reflexión, de preocupación, de consternación, de interés. Si algún chiste hay en todo esto, sería suponer que un tema o una situación o un abordaje o una opinión pueden entrar en conexión con quien me escucha o me ve. Si lo logro, entonces se da esa situación donde la gente dice: “ella está diciendo algo que a mí me gustaría decir”, o “está planteando un ángulo de la información que a mí me gustaría destacar”. Y entonces, bueno, es cuando se da la magia de ida y vuelta entre un comunicador y un público imaginario que, después, cuando vienes a la FIL, te das cuenta de que es de carne y hueso.m.  

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