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Enrico Ramírez Ruiz: el pensamiento científico, clave para la democracia

Activista por el acceso y el apoyo a la ciencia, este astrofísico mexicano lucha por la equidad de género y por el pensamiento crítico como clave para superar las diversas formas de desigualdad que se fundan en prejuicios. Le han pedido que no sea “tan mexicano”, y es un enamorado de la muerte de las estrellas

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Foto: Elena Zhukova
Foto: Elena Zhukova

Hay poesía en la astrofísica. No es pregunta, es una certeza que queda luego de hablar con Enrico Ramírez-Ruiz, quien, a esta altura de su vida, considera que a veces es “un pocho de lo peor”. Originario de Ciudad de México, donde sus padres eran científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), creció yendo a campamentos de esta casa de estudios y absorbiendo la pasión por la ciencia desde casa. Su madre sigue siendo su mayor inspiración y quien detonó también su gusto por las matemáticas, el lenguaje de la física. A los 18 años no hubo misterio o incertidumbre para él: tenía muy claro a qué se iba a dedicar.

Enrico se desilusionó cuando, al responder a una convocatoria para participar en un programa de partículas elementales de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en francés), que consistía en un internado en Suiza al que asistirían sólo seis estudiantes, quedó en séptimo lugar. Pero era joven, y uno de los profesores de ese programa le sugirió enviar papeles a otro, el Programa Leon M. Lederman, del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, al que finalmente ingresó y en donde obtuvo también el premio nis de Ciencias Especiales luego de su estancia. Gracias a eso terminó enamorándose de la astrofísica.

Allí comenzó un camino que no se detuvo, armando maletas para ir de un país a otro, creando vínculos y enriqueciendo cada vez más su relación con el universo. Luego de egresar de la Facultad de Ciencias en la UNAM, donde recibió la medalla Gabino Ruiz, estudió su doctorado en Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido. Fue becario posdoctoral en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, y en 2011 formó parte de la lista de los “40 Under 40”, con la que el Silicon Valley Business Journal distingue a los jóvenes talentos que destacan en diversos ámbitos. Luego de varios reconocimientos, entre ellos la beca Chandra, que otorga la NASA, llegó al departamento de Astronomía y Astrofísica en la Universidad de California en Santa Cruz (UCSC), donde actualmente trabaja. También es profesor en el Instituto Niels Bohr, de Copenhague.

“A veces me siento como el Pípila, moralmente, cargando todo. Como que defraudé, no sólo a mi país, sino también a mis padres, porque no estoy haciendo ciencia en México. Pero, por un lado, fui becario del Conacyt: a mí el país me pagó para irme. Es difícil vivir en un país que no es el tuyo, en una cultura que no es la tuya. Y, por otro lado, profesionalmente eso te ofrece muchas oportunidades de crecimiento que en México no existen. Yo he tenido muchos vínculos, y tengo programas para apoyar a estudiantes mexicanos; he intentado darle mi tiempo y mis esfuerzos de regreso a México, y creo que muchos de los mexicanos en Estados Unidos y en Europa quieren hacer eso”.

Enrico Ramírez

Forense estelar

Ramírez-Ruiz disfruta estudiar eventos explosivos del universo y qué pasa con las estrellas al final de sus vidas. Es, como se llama a sí mismo, un forense estelar. También estudia el universo variable, el universo violento. “Me encanta pensar en construir el árbol genealógico de los elementos que te componen, pero un poco de manera cosmológica. Pensar de dónde vienen esos elementos y cuál es la composición. Y algo de lo que la gente a veces no se da cuenta es que el hidrógeno y el helio se formaron en la gran explosión, en el Big Bang, pero todos los demás elementos se formaron dentro de estrellas”.

Explica que el universo se ha enriquecido a lo largo del tiempo con metales, y que toda esa generación de metales tiene que ver con el ciclo de las estrellas. El astrofísico está muy interesado en entender el ciclo estelar y lo que ocurre cuando estas estrellas, particularmente las masivas, mueren, explotan y producen elementos “maravillosos” que se pueden ver casi desde los confines del universo.

“Es entender un poco nuestra historia estelar. Y también darnos cuenta de que somos mucho más similares cuando piensas en un entorno cosmológico, y no en términos genéticos. Las cosas que nos dividen son todas cosas que no son atómicas, que se inventaron”.

 

Racismo en primera persona

Ramírez es activista desde hace varios años. A su paso por algunas de las universidades más reconocidas del mundo comenzó a observar cómo los prejuicios acerca del lugar de origen y la raza podían interferir en la educación. Pronto descubrió que, para pertenecer, existían determinadas “reglas”.

Su primer contacto con los prejuicios fue en Francia, a los 15 años, cuando sus padres se fueron un año sabático a este país, donde Enrico estudiaba. Una maestra de Física —a quien describe como “maravillosa”, ya que también influyó en su pasión por esa ciencia—, le hizo un comentario al principio del curso: “La primera vez que me vio me dijo que, como yo era mexicano y el nivel en México es muy bajo, no creía que me iba a ir muy bien en la escuela. ‘Te tenemos que aceptar, un poco porque es ley’. Eso a mí me impulsó mucho. Al final del año me pidió disculpas y me dijo que ya no iba a guiarse por estereotipos”.

En un verano en Los Álamos, como estudiante de licenciatura, se sintió defraudado por un supuesto amigo que, al final del semestre, expresó su frustración al ver que un profesor había felicitado a Enrico, destacándolo del resto de sus compañeros. Ese amigo, estadounidense, le dijo: “‘Me siento muy mal, fracasé, y lo peor de todo es que un mexicano lo haya hecho mejor que yo, eso es algo que no puedo concebir’. Ésa fue mi introducción a la idea que se tiene del mexicano en Estados Unidos”.

Algo similar ocurrió en Princeton. Después del doctorado, Ramírez-Ruiz desembarcó en el Instituto de Estudios Avanzados —donde trabajó Albert Einstein—, y allí un profesor le dijo que lo había observado durante un año y medio y que creía que era una persona muy talentosa, que se merecía ser parte de “la estirpe y del campo”, pero agregó: “Te tengo que entrenar. Lo primero que tienes que hacer es ya no decirle a la gente que eres mexicano. Quiero que digas que eres argentino, porque se ve más europeo, o brasileño, porque eso es más exótico. En cuanto le digas a la gente que eres mexicano va a pensar que no eres muy inteligente ni muy educado”.

Enrico Ramírez

Cuando le hicieron este comentario, el astrofísico ya estaba en camino de convertirse uno de los cinco profesores de origen mexicano que actualmente trabajan en astronomía en Estados Unidos. “Intentó hacerme un makeover. Es muy doloroso, y eso te habla de que hay una ignorancia completa de quién pertenece y quién no. Esto ha seguido siempre. Yo he estado en discusiones en mi universidad, en las que la gente me ha dicho que los hispanos son genéticamente inferiores. Viniendo de científicos, de gente que se supone que es inteligente. Pero la inteligencia es muy... diversa”, ríe.

Sostiene que no se ha generado una masa crítica de gente mexicana en Estados Unidos, y que hay muchos estereotipos. “La gente en este país cree que puede hablar de raza como si fuese un tema neutral. Y obviamente es un problema muy complejo. No puedes ponerte a debatir abiertamente si los estudiantes latinos tienen la misma capacidad o no, porque es una cuestión estúpida. La gente en Estados Unidos lo cree: que hay algo intrínseco por lo cual la cultura latina no apoya la educación, pero no se dan cuenta de toda la infraestructura y los problemas económicos y sociales que existen”.

 

Romper barreras estructurales

Al sur de San Francisco hay un lugar que se llama Salinas, un área agrícola en la que trabajan muchos mexicanos migrantes, así como un gran número de mexicoamericanos. Allí está el Hartnell College. En Estados Unidos hay colegios que son de dos años y universidades de cuatro. Y éste es uno de dos años, a los que usualmente llaman community college. Ramírez-Ruiz empezó a tener vínculos muy fuertes con esta institución y ahí entendió que en ese país los jóvenes no tienen a su alcance estructuras que les permitan salir adelante.

“En Estados Unidos, la probabilidad de éxito académico depende mucho del ingreso económico. Si tú vienes de un barrio ‘bueno’ tienes muchas oportunidades. Me empecé a dar cuenta de que todas las oportunidades que yo tuve —el apoyo de mis padres en México, y el hecho de que nunca me faltara nada— me hacían formar parte de una minoría. Pero llegué a Estados Unidos y empecé a dudar el doble debido a la forma en que la gente me concebía, cómo la gente no me creía lo que decía. Tenía que probar que era inteligente. Estos chavos han tenido esto desde que nacieron”.

Es entonces cuando inicia Lamat, que significa “estrella” en maya. Se trata de un programa de apoyo a estudiantes de colegios comunitarios para becarlos durante un verano a fin de que puedan hacer investigación y profundizar sus estudios en Ciencias en la Universidad de California en Santa Cruz. “Este programa capta a las mentes más brillantes que no han sido apoyadas por la estructura sistémica del país”, explica Ramírez-Ruiz, quien también es fundador del OpenLab, el Centro de Investigación Colaborativa en la UCSC, que trabaja por la diversidad en la ciencia y por crear proyectos que incluyan diferentes voces, una de las causas que funcionan como motor de la vida del científico mexicano.

 

Enrico Ramírez

Marcha por la ciencia

Como parte de su activismo, Ramírez-Ruiz es vocero de diferentes causas, por ejemplo, la Sociedad para el Avance de los Chicanos, los Hispanos y los Nativos Americanos en la Ciencia (SACNAS, por sus siglas en inglés), una organización que trabaja por la diversidad y el acceso a la ciencia como herramientas fundamentales para la democracia. Este año, Ramírez-Ruiz también participó en la Marcha por la Ciencia, que se realiza desde 2017 y se lleva a cabo también en México y en más de 500 ciudades de todo el mundo. Se trata de una movilización liderada por científicos en diferentes países, y que tuvo origen en Washington, cuando Donald Trump decidió recortar el presupuesto para la ciencia luego de asumir la presidencia, en 2016.

“En la búsqueda de remediar problemas sociales muy complejos, la ciencia te provee de las herramientas necesarias para que intentes llegar a soluciones que tengan sentido: que estén basadas en datos, en políticas que hayan funcionado. En la toma de decisiones necesitamos del conocimiento científico. En Estados Unidos se ha hecho creer que si eres alguien con conocimiento, formas parte de la elite y, por lo tanto, no hablas por el pueblo; como si tuvieras una agenda doble, para intentar convencer a la gente de que haga cosas que no debería hacer. La idea de poner a prueba cualquier idea o cuestionarte absolutamente todo es esencial para la democracia”.

Parte de su discurso de la Marcha por la Ciencia 2020 incluyó, además de esta idea, la de que la ciencia debería incluir a todas y todos, no sólo a quienes detentan posiciones privilegiadas; que la diversidad propicia que las soluciones a un problema puedan ser más creativas, más eficientes y más innovadoras, y que abrir acceso a la ciencia a través de la educación pública es un mecanismo clave para nivelar a la sociedad.

Lo que el astrofísico mexicano sostiene al hablar de sus ideales es que llevar voces diversas a la ciencia hace mejores científicos a quienes ya están dentro, porque convergen diferentes ideas y perspectivas. En el departamento de Astronomía, que él dirigía, la presencia de mujeres ya es de 40 por ciento. En 2019, Ramírez-Ruiz fue nombrado presidente inaugural de Vera Rubin Presidential Chair for Diversity in Astronomy, una dotación de fondos para promover la equidad y la presencia de más mujeres en la ciencia. “Lo estamos haciendo mucho mejor en cuanto al número de mujeres”, dice, sin perder de vista que aún hay situaciones de segregación “atroz”, por ejemplo las que sufren las mujeres afroamericanas en Estados Unidos: en la historia de aquel país solamente ha habido 50 mujeres negras con un doctorado en Física o en Astrofísica.

 

Renunciar como parte de la causa

Durante cuatro años fue director del Departamento de Astronomía de la UCSC, hasta que el año pasado se dio cuenta de que el apoyo para los programas que él planteaba era más moral que presupuestario. Éste y otros motivos hicieron que renunciara a su cargo de dirección, y gracias a ello pudo enfocarse más en el activismo e involucrarse más en las causas que defiende.

En la carta abierta que escribió para renunciar, afirmaba que a muchas universidades “les encanta” decir que apoyan a estudiantes que no tienen tantas oportunidades, pero cuando tienen que invertir en el futuro de estos estudiantes, cuando tienen que hacer lo que se llama differential support (apoyo diferencial) —porque existen casos de estudiantes a los que hay que apoyar más que a otros—, en ese momento la institución dice: “Esto no puede ser”. “Si tú no pones inversión en los programas o en las estructuras que son importantes, no hay cambio. Yo tengo la reputación de ser un poco… rebelde. Lo que quise fue hacerles ver claramente que muchas de sus políticas y muchos de sus comentarios son realmente racistas, y exponer la falta de pensamiento constructivo acerca de estas cosas”.

Enrico Ramírez

#ShutDownAcademia

Este movimiento nació el pasado 1 de junio y fue algo así como el equivalente al Black Lives Matters (BLM), pero en el ámbito de la ciencia. A raíz de la fuerza que cobró la visibilización del racismo en Estados Unidos a partir del asesinato de George Floyd, la expansión de las protestas, en combinación con la pandemia, obligó a que la Marcha por la Ciencia tuviera una metamorfosis: quienes trabajan por la defensa de la ciencia le dieron a su movimiento un giro, que cobró forma en los hashtags de lucha #ShutDownAcademia, #Strike4BlackLives y #ShutDownstem (por sus siglas en inglés: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Esta idea tuvo como objetivo amplificar las voces de la gente negra en la academia, y en la astronomía en particular. Se trata, al mismo tiempo, de promover la ciencia como un elemento fundamental de la sociedad, pero también de “ser críticos de las estructuras que existen y reconocer que hasta ahora no hemos creado una ciencia que sea democrática”.

Ramírez-Ruiz insiste en esta premisa, muy coherente con su accionar: la ciencia es importante para la democracia. En Estados Unidos no existe ningún departamento de astronomía que tenga a un latino y a un afroamericano juntos. “Es uno o el otro. Eso sólo te dice que la masa crítica no ha llegado. Y hay una oposición bastante fuerte. Mucha gente siempre cree que a mí me han dado tal premio o tal reconocimiento porque soy mexicano. No podemos decir que se necesita más ciencia para la democracia si los científicos no han podido crear ámbitos en los que todo el mundo pueda hablar y donde todas las voces tengan el mismo valor”.

 

La ciencia y sus diferentes campos

Al hablar de los diversos ámbitos en los que puede intervenir la ciencia hoy en día, Ramírez-Ruiz hace hincapié en las posibilidades que abre el manejo de datos, y cuenta que él trabaja mucho con la empresa NVIDIA, dedicada a desarrollar procesadores para videojuegos; también que muchos de sus colaboradores trabajan con Google, mientras que algunos de sus estudiantes que se graduaron trabajan en Spotify. “Es mucho de correlacionar datos efectivos; entonces, sí hay muchas oportunidades en cuanto tiene que ver con analizar amplias bases de datos”.

Este científico, activista y rebelde del sistema académico ya forma parte del catálogo de personalidades que han participado en el Café Scientifique, el programa de divulgación de la ciencia que el ITESO ha llevado a cabo desde hace 16 años. Enrico Ramírez-Ruiz participó en la charla titulada “La muerte de las estrellas: explosiones estelares”, en la que se dió a la tarea de transmitir a los asistentes, en especial a los más jóvenes, el entusiasmo que decidió su vocación y que, hasta la fecha, impulsa su trabajo. “No necesariamente tienes que dedicarte a la ciencia a largo plazo, pero el entrenamiento que te da es invaluable. Me siento muy honrado de poder compartir la pasión que tengo por la ciencia, y ojalá pueda convencer a los estudiantes de que realmente esa pasión se puede convertir en muchas cosas”.

Al estudiar la muerte de las estrellas, Enrico Ramírez-Ruiz ha caído en la cuenta de que las barreras de género, raciales e intelectuales no tienen ningún fundamento: sólo existen en la mente de las personas. Todos somos más parecidos de lo que nos imaginamos si nos adentramos en nuestra historia estelar. Todos estamos compuestos por un poco de polvo de estrellas.  .

Enrico Ramírez

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