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Barrotes de plata

El hecho de vivir con deudas —una condición cada vez más frecuente en la vida— representa una suerte de cautiverio: ¿qué efectos puede tener el endeudamiento sobre el sentido que le damos a la vida?

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Portada del libro «El banquero anarquista», de Fernando Pessoa
Portada del libro «El banquero anarquista», de Fernando Pessoa

La literatura y la psicología social participan de un estrecho vínculo en la medida en que la narración de historias se adopta como método para la investigación psicosocial, así como el mundo de lo social puede explicarse a través de numerosas obras literarias. Por ejemplo, al pensar cómo el hecho de vivir con deudas —una condición cada vez más frecuente en la vida de las personas— representa una suerte de cautiverio: ¿qué efectos puede tener el endeudamiento sobre el sentido que le damos a la vida?

En La barca sin pescador, comedia de Alejandro Casona, Ricardo Jordán es el director de una importante institución bancaria, que hace frente a una crisis provocada por la agresiva especulación de la competencia. Acorralado y tras haber perdido la confianza de sus colaboradores, cierra un trato con el Caballero de Negro: obtiene las riendas del poder y del dinero que acaba de perder a cambio del último empujoncito para la condenación de su alma. Le basta con imprimir su firma en ese contrato para que una caída libre hacia la bancarrota se torne un insólito repunte financiero. Jordán, lejos de disfrutar los días de bonanza económica, los pasa buscando la forma de saldar la deuda que fijó con el Diablo.

Años antes, en El banquero anarquista, Fernando Pessoa imaginó un diálogo en el que un acaudalado hombre de finanzas relataba a un joven cómo se había valido de la acumulación de capital para superar su dependencia del dinero, y también como había encontrado en la riqueza la vía de su lucha libertaria. El banquero había hallado así el camino para convertirse en un auténtico anarquista teórico y práctico, al contrario de “los tipos de los sindicatos y las bombas”, representantes de las organizaciones colectivas propias de su época, a quienes responsabilizaba de nuevas formas de tiranía. Paradójicamente, había pasado sus días combatiendo la dictadura del dinero mediante la colaboración con ella.

La obra del sociólogo y filósofo italiano Maurizio Lazzarato ha dado luz sobre el capitalismo cognitivo, la ontología del trabajo y en particular sobre las técnicas de sometimiento en las sociedades de control. Su análisis nos ayuda a visibilizar los muros y las limitaciones que el endeudamiento impone sobre el sentido que podemos dar a la vida. Las finanzas contemporáneas dependen de la proliferación del crédito personal, y éste, a su vez, de su capacidad de hacernos creer que es la única vía para la subsistencia, cuando por lo general hay diferentes posibilidades de encarar el futuro sin tener que endeudarnos. El consumo se nos presenta por todos los medios como una necesidad irrenunciable, que en la mayoría de los casos sólo puede ser satisfecha mediante el crédito. Y la oportunidad de ordenar una vida entera en cómodos pagos mensuales sin intereses no es sino una atadura definitiva a la vida productiva.

Al hallarnos fuera de los muros de una prisión, podemos convenir en que, además del encierro, lo que hace a éstos tan temibles e indeseables es cómo disponen del cuerpo y del tiempo de las personas que viven dentro de ellos. Pero acaso seamos incapaces de nombrar otros muros impalpables que refrenan nuestra voluntad. Once años después de la publicación de El banquero anarquista, Pessoa publicó Tabaquería, un poema firmado por su heterónimo Álvaro de Campos, en el que retrataba, lleno de envidia, el instante en que una niña se veía liberada de la atadura al dinero:

(¡Come chocolates, pequeña; come chocolates!

Mira, no hay más metafísica en el mundo, sólo chocolates.

Mira, todas las religiones no enseñan más que una confitería.

¡Come, pequeña sucia, come!

¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con la que tú los comes!

Pero yo pienso y cuando les saco el papel de plata es una hoja de estaño y entonces tiro todo al piso como tiré mi vida.)

Quizá convenga descreer al menos por un momento del valor del dinero como eje central de la vida. Con suerte, encontraremos una breve liberación. m.

 

Para leer

:: Fernando Pessoa, El banquero anarquista (1922).

:: Alejandro Casona, La barca sin pescador (1945).

:: Maurizio Lazzarato, Políticas del acontecimiento (2006).

:: Entrevista a Maurizio Lazzarato en el diario Página 12.

:: Álvaro de Campos, Tabaquería (1933).

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