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20 años del TLCAN: ¿quién ha ganado, quién ha perdido?

A dos décadas de la entrada en vigor del acuerdo comercial, el saldo muestra resultados contrastantes. Por un lado, los indicadores manufactureros y de comercio exterior evidencian un destacado aumento; por el otro, sectores enteros aún luchan por sobrevivir.

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Cada quien habla del Tratado de Libre Comercio según sus resultados. Foto: Reuters
Cada quien habla del Tratado de Libre Comercio según sus resultados. Foto: Reuters

El mismo año que comenzó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Carmen llegó a Guadalajara desde su pueblo natal, buscando una oportunidad de empleo que allá se le negaba. Y la encontró en la desaparecida electrónica AT&T.

“Era un privilegio estar en la electrónica porque, como era una trasnacional, teníamos muchos beneficios, muchas prestaciones, teníamos las de ley y, además, teníamos sindicato, y en ese sindicato teníamos un contrato colectivo”, cuenta Carmen, a quien le hemos cambiado el nombre en este reportaje para evitar que pueda ser víctima de represalias.

Dos décadas y cinco empresas después —tres cerraron, renunció a una y en otra trabaja actualmente— ha visto cómo las condiciones laborales se han vuelto cada vez más precarias. “[Ahora] nos hacen trabajar jornadas dobles, pero no nos las pagan como jornadas dobles, no nos las pagan como tiempo extra, sino que por un día de descanso […], le llaman tiempo por tiempo. A veces tardamos un mes completito sin descansar para luego descansar una semana”, dice. De sindicatos, contratos colectivos o empleo directo —esto es, sin la mediación de una empresa subcontratadora—, ya ni hablar.

En contraste, la expansión de Grupo de la Rosa durante estos veinte años de libertad de comercio ha significado claras ventajas. La apertura de Estados Unidos y Canadá le permitió adquirir experiencia, con la que ahora llega a naciones como Alemania, varias en América —que van de Aruba a la República Dominicana— y hasta Medio Oriente. En sus cuatro plantas y su centro de distribución en el estado genera alrededor de ocho mil empleos directos e indirectos y llega a 16 mercados internacionales, además del mexicano.

Cuando las fronteras del país estaban cerradas, Grupo de la Rosa no podía conseguir suficientes provisiones de cacahuate del campo mexicano, entre otras materias primas. “Con el Tratado de Libre Comercio se abren las fronteras y podemos programar nuestras compras de muchas materias primas, como es la grenetina, como es el cacao, como es el cacahuate, como es el maíz y, por ese lado, fue benéfico para nosotros”, cuenta Enrique Michel Velasco, director general de la empresa.

La necesidad de cumplir con los requerimientos que implicaba la nueva apertura, como lograr certificaciones internacionales sin las cuales no es posible entrar a varios mercados, se convirtió con el tiempo en una ventaja para que Grupo de la Rosa pudiera competir en otros mercados con niveles de calidad más altos.

Al hacer un balance del TLCAN, lo que se encuentra es una serie de aristas en las que los ganadores y perdedores no son tan fácilmente reconocibles; estar en una u otra categoría depende del país, el sector y las condiciones socioeconómicas de cada quien.

20 años del Tratado de Libre Comercio20 años del Tratado de Libre Comercio20 años del Tratado de Libre Comercio Los jefes de gobierno Canadá, Estados Unidos y México durante la firma del TLC. Fotos: Reuters 

¿Quién gana, quién pierde?

En 1993, la propaganda oficial destacaba como próximos beneficios del acuerdo comercial, que entraría en vigor el 1 de enero de 1994, el crecimiento económico, la creación de empleos y la reducción de la migración desde México.

Sus primeros tres objetivos: eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y servicios entre México, Canadá y Estados Unidos; promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio y aumentar de forma sustancial las oportunidades de inversión.

También, junto con otras medidas como la inclusión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y, en general, las reformas en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se prometía que México se convertiría en un país del “Primer Mundo”.

Contar con el TLCANfue una de las grandes herramientas para, por ejemplo, recuperar el empleo perdido tras el “error de diciembre” que generó la crisis de 1995, tal vez la peor que haya vivido el país. En ese año, la Tasa de Desempleo Abierto alcanzó a 6.2 por ciento de la Población Económicamente Activa; un año antes, había sido de 3.7. A las empresas les convenía producir desde México y aprovechar las condiciones ventajosas para exportar a Estados Unidos, principalmente. Esas empresas ofrecían empleos muy atractivos para personas como Carmen.

Pero esa misma apertura ha terminado por presionar tanto la estructura de costos de las empresas, que no pocas han optado por afectar las condiciones laborales en la búsqueda de seguir siendo competitivos, aunque eso beneficie sólo a unos cuantos.

“La competitividad es básicamente la atención a los requerimientos, a las sugerencias, de los principales líderes empresariales de México. Los indicadores de competitividad son en 70 por ciento resultado de la encuesta a líderes empresariales y 30 por ciento resultado de indicadores duros”, señala Ignacio Román Morales, profesor investigador del Departamento de Economía, Administración y Mercadología del ITESO.

Así, la historia personal de Carmen es diametralmente inversa a la que cuentan las macroestadísticas del sector maquilador.

“Lo macro es muy bonito: México es la economía 14 del mundo, estamos en el club de los más grandes y eso está muy bien. El problema de México es la desigualdad social; entonces, eso es bueno para unos y no tan bueno para otros”, explica Raúl Montalvo Corzo, director de la Escuela de Graduados de Administración del Tec de Monterrey Campus Guadalajara.

20 años del Tratado de Libre Comercio Uno de los puntos polémicos del TLCAN ha sido la política de bloqueo por parte del gobierno estadunidense a las exportaciones de tomate y otros productos agrícolas a su territorio. En la imagen, una trabajadora mexicana en el rancho Las Gemelas, en Zacoalco de Torres, Jalisco. Foto: Reuters

El Programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y Servicios de Exportación del INEGI registró cómo el valor de la producción de estos sectores creció en 262 por ciento (de 87 mil 375 millones de pesos en 1994 a los 316 mil 326 millones en 2004, año en que se dejó de actualizar el dato). En el mismo lapso, el número de empleados creció 97 por ciento (de 522 mil 345 a un millón 26 mil 980).

No puede haber solamente un saldo absoluto negativo o un saldo absoluto positivo. Pero hay afectados claros, como los trabajadores menos cualificados, tanto industriales como del campo, señala Román Morales.

De acuerdo con el Banco Mundial, en 1995, 24 por ciento del empleo en el país lo aportaba la agricultura; para 2010, el dato más reciente era de 13 por ciento.

“Esto va justamente en contra de lo que supuestamente se pretendía, que era aumentar empleo y la especialización del agro mexicano, y que los campesinos ganaran más”, apunta.

Ante la pérdida de oportunidades —no sólo de empleo, sino de empleo digno— en el país, la migración mexicana a Estados Unidos ha sido otra de las promesas incumplidas del tratado.

En 1995 había 2 millones 900 mil mexicanos indocumentados en Estados Unidos. En 2012 eran 6 millones 50 mil. El pico se alcanzó en 2007 con 6 millones 950 mil personas, de acuerdo con el Pew Research Center.

“En gran parte es la falta de empleo en México, es el enorme diferencial de salarios —alrededor de diez, once veces, entre México y Estados Unidos— y es el hecho de que, finalmente, en los periodos de desarrollo económico, Estados Unidos relaja su política migratoria, deja pasar más gente, mientras que en los periodos de crisis económica o de recesión, la endurece y deja pasar menos gente”, dice Román Morales.

El salario mínimo por hora en Canadá fue de 9.8 dólares en 2012; en Estados Unidos, de 7.1 dólares, y en México, de 0.6 dólares, según la OCDE.

Pero el tratado es eminentemente un acuerdo comercial y es ahí, en el comercio, donde es posible constatar sus principales logros: las exportaciones mexicanas a Estados Unidos crecieron 571 por ciento de 1993 a 2012, y ese año alcanzaron 287 mil 844 millones de dólares. A Canadá aumentaron 599 por ciento, pero sólo sumaron 10 mil 937 millones de dólares durante 2012.

 “No sé si algunas personas esperaron ver a México convertirse en un Japón o en una Alemania de superávits comerciales año tras año. Pues no: hemos seguido siendo un país básicamente con déficit comercial, pero con mucha más gran exportación y mucha más grande importación”, señala Sergio Negrete Cárdenas, profesor investigador del Departamento de Economía, Administración y Mercadología del ITESO.

Para Negrete, Carlos Salinas de Gortari ha sido el último presidente transformacional en el país. Lo malo, añade, es que la apertura de la economía mexicana no se haya dado antes de agosto de 1986, cuando, durante la presidencia de Miguel de la Madrid, México ingresó al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés y que desde 1995 se convirtió en la Organización Mundial del Comercio).

“Ojalá hubiéramos entrado al gatt en el año 48, cuando se fundó, y no en el 86”, dice. “Pero positivo es, lástima que no se hizo antes”.

Gracias a la apertura, señalan quienes la apoyan, gana el consumidor mexicano que ve en sus mercados mayor cantidad de productos y, debido a la competencia, mejores precios.

Pero esto no convence a todos: “Los anaqueles están llenos de productos importados, pero los salarios no permiten comprarlos y, entonces, para la mayoría de la gente, aunque esos productos existan y aunque la gente, en lugar de ir a los sitios históricos o a los centros culturales, se vaya a los centros comerciales, pues lo que hace es ir a ver, porque simplemente no tiene con qué comprar”, asegura Román Morales.

20 años del Tratado de Libre Comercio Aduana en la bodega de la estación de ferrocarriles de carga Ferrovalle, en la ciudad de México. Foto: Reuters

¿Competencia en condiciones equitativas?

Lo bueno del tratado es que promueve el crecimiento económico a través de comerciar más bienes y servicios, y se propicia la competencia.

“Lo malo del tratado es que, al haber más competencia, quienes no están preparados para enfrentar las condiciones se van a ver afectados”, agrega Montalvo Corzo, del Tec.

Y preparación parece ser la palabra clave para aprovechar las ventajas del primer acuerdo comercial que asociaba economías tan disímiles.

“Hubo que adecuarse; otros no lo quisieron hacer y hoy están fuera”, asevera Luis Fernando Goya, exdirector del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce) de Occidente, y actualmente consultor en la materia. “Ganan los que supieron adecuarse a los cambios, y seguirán ganando. Los que pierden son los que piensan que conviene vivir en países con economías cerradas”.

Entre los que ganaron está Gerardo Chávez, ex directivo de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara, y actual director de la comercializadora D&D International. “El gobierno pone, de alguna forma, las reglas del juego, y de alguna manera trata de agilizar los procesos, pero lo que yo creo es que los que hacen el negocio, los que tienen que empujar para sacarles provecho y hacer buen uso del tratado, somos nosotros, los empresarios”, dice.

 “Los que hemos quedado en el mercado, en la competencia, traemos una calidad muy buena; entonces, igual podemos exportar a Estados Unidos que a Canadá, a Centroamérica, y eso nos abre la posibilidad de tener más fuentes de trabajo”, comenta. La apertura era necesaria para sostener la demanda de empleo que impone el crecimiento de la población. “Si no tuviéramos la apertura, todas las inversiones del extranjero, ¿qué harían esas personas?”.

Para Negrete, los plazos de protección que tuvieron los diferentes sectores antes de eliminar las barreras arancelarias fueron suficientes. Aunque, para los sectores acostumbrados al proteccionismo, ningún plazo será suficiente. “Finalmente, lo que vimos cuando se acercó la fecha es que vino el grito de ‘no estamos preparados’, ‘todavía no podemos’, ‘dennos más chance’”, considera. “Al final te van a pedir que los sigas protegiendo”.

20 años del Tratado de Libre Comercio La industria textil mexicana ha tenido que enfrentar la competencia asiática en su lucha por conquistar el mercado estadunidense. En la imagen, una obrera en una fábrica de guayaberas en Mérida, Yucatán. Foto: Reuters

Pero incluso para los que se prepararon fue un proceso sumamente complicado. Certificarse le llevó a De la Rosa tres años; y estar en condiciones óptimas para competir, entre ocho y diez. Igualmente, para la empresa avícola Grupo Estrada de la Torre, enfrentarse al Tratado no se complicó por falta de ganas, sino por la desigualdad en los jugadores. “Los americanos nos llegaron con mucha más ventaja por la infraestructura que tenían ellos”, recuerda Ricardo Estrada de la Torre, su director. “Obviamente, nosotros trabajamos para poder ingresar a esa infraestructura para competir”.

“Nuestro mayor problema es el costo de producción, porque no tenemos los granos, no somos autosuficientes en los granos; entonces, todo lo que son granos, como maíz y frijol, soya, para los que prácticamente dependemos de los americanos, tenías que comprarlo y te salía más caro”.

Con el tiempo, esta empresa afinó tanto sus procesos que ahora compite internacionalmente, aunque ni siquiera eso es suficiente para que su director califique el acuerdo como benéfico. En los diez años que les llevó a ellos el proceso de certificación necesaria para que sus productos fueran aceptados en mercados extranjeros, capacitación y nueva infraestructura, el también presidente de la Asociación de Avicultores de Tepatitlán vio cómo muchos de sus colegas desaparecían: “Muchos se quedaron a medio camino porque no fue fácil la tarea; hay que hacer inversiones muy fuertes, tuvimos la devaluación en el 94-95 y eso nos pegó muchísimo”.

Las razones para no conseguir tener las condiciones adecuadas para poder enfrentar a la competencia van más allá de los buenos deseos, explica Montalvo Corzo. “Puede haber muchas realidades: desde la empresa que nunca se preparó porque no quiso, la que no creyó que se tenía que preparar, la que pensó que iba a tener su mercado, hasta la empresa que se quiso preparar y no pudo porque sus condiciones de mercado, su tecnología, su conocimiento, no le dieron para prepararse”.

Ignacio Román Morales es más tajante: para él, las condiciones de las empresas mexicanas eran claramente desventajosas.

“Un país que tiene un PIB por habitante diez veces superior al de México, que tiene un PIB total 16 o 18 veces superior al de México, los pones a competir como si estuvieras en igualdad de condiciones. Y además, el otro con investigación y desarrollo, y nosotros sin investigación y desarrollo, es como si tú dijeses: ‘Vamos a poner a competir a una viejita de 85 años y en muletas con Usain Bolt en una carrera de 400 metros con obstáculos’”. Pero Román lleva su comparación más allá: “Además, donde tú estableces una lógica en la que haces compensaciones entre los dos: al jamaicano lo haces correr 200 metros y a la viejita, 400”.

20 años del Tratado de Libre Comercio Villalfo Carmona, de 62 años, sigue trabajando la milpa de manera tradicional en Zaragoza, Puebla. Foto: Reuters

Lo que viene

Desde el inicio del tlcan, las voces más optimistas —o tal vez, las más pesimistas— auguran que la última etapa del tratado será una integración económica con una moneda común, algo así como la Unión Europea. Incluso se ha acuñado un nombre para esta moneda, el Amero, y aparece regularmente en los medios, sobre todo en tiempo de crisis. Pero más allá de eso, las visiones del futuro del acuerdo son tan disímbolas como las personas a las que se les pregunta.

Sergio Negrete y el empresario Gerardo Chávez pedirían mayor apertura. El asesor Goya, demandaría sacarle mayor provecho a las condiciones del Tratado, potenciar a las micro y pequeñas empresas para mejorar su oferta exportable.

Michel Velasco de De la Rosa solicita que se aprenda de la experiencia de estos 20 años y se proteja a los sectores que se vieron afectados, principalmente el agrícola. El avicultor Estrada de la Torre pide que las reglas sean más justas y Estados Unidos no recurra a barreras no arancelarias, como alertas por riesgos sanitarios, para proteger a sus sectores productivos.

Montalvo Corzo cree que es momento de generar tecnología propia: “Hay que migrar a diseños mexicanos, a patentes mexicanas. Mientras eso no suceda, el valor agregado que estamos dejando en México todavía no genera el potencial que pudiera tener”.

20 años del Tratado de Libre Comercio Planta de General Motors en Silao, Guanajuato. México ha entrado al grupo de los diez mayores productores de coches en el mundo. Foto: Reuters

Para Román Morales, esto no es tan sencillo dado el desinterés oficial por invertir en investigación y desarrollo. Según la OCDE, México apostó 0.44 por ciento de su PIB en 2009 a este ámbito, por 1.94 por ciento de Canadá y 2.91 por ciento de Estados Unidos. Así, para él, lo que es necesario es establecer candados que protejan a los sectores más afectados. “[Habría que] revisar la lógica de protección interna que están teniendo los países del Mercosur, o hasta los que tuvieron en la Unión Europea. Pero eso no lo va a hacer Peña Nieto, eso no es lo que van a hacer las autoridades económicas en México”, comenta. “Lo importante sería pensar que esta cosa, a pesar de todo el caos en el que vivimos, sigue siendo un país y no solamente un negocio”.

Y para Carmen, desde su espacio en la línea de producción en la maquiladora, la petición es aún más sencilla: “Que mejoren las condiciones laborales, al menos ésa es nuestra lucha, mejorar las condiciones”. m

* Elizabeth Ortiz colaboró en la investigación para este reportaje

 

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