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20 años del EZLN: más allá de Marcos

Las reacciones ante el último comunicado del subcomandante Marcos, en el que anunció su desaparición, han vuelto a centrarse en su figura. Paradójicamente, lo que este gesto denuncia es nuestra obsesión por un caudillo mestizo encapuchado y nuestra incapacidad para ver la historia de un movimiento indígena que sigue construyendo en silencio su autonomía y proponiendo otras formas de hacer política.

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En 20 años los zapatistas han construido mejores condiciones de vida para su comunidades. Foto: Reuters
En 20 años los zapatistas han construido mejores condiciones de vida para su comunidades. Foto: Reuters

En la madrugada del domingo 25 de mayo de 2014, luego de 23 días de intensas protestas en decenas de ciudades por el asesinato del maestro José Luis Solís López, Galeano, el subcomandante Marcos publicó el comunicado “Entre la luz y la sombra”, en el que anunciaba que serían sus “últimas palabras en público antes de dejar de existir”.

Este mensaje es emblemático por más de una razón. Nos servirá para explicar una historia llena de historias que, si bien, no se hace presente en los grandes medios de comunicación, periódicamente vuelve a escena por acontecimientos como los ocurridos durante el mes de mayo de 2014 en La Realidad, curioso y paradójico nombre de una comunidad zapatista. ¿Qué es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)? ¿Qué significa para las innumerables luchas sociales que ocurren en prácticamente todo el mundo? ¿Por qué tanto reconocimiento de movimientos brasileños, en plena Copa Mundial de Futbol, como el Movimiento de los Sin Tierra?

En el origen del EZLN encontramos a las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) en la década de los setenta. A principios de los ochenta, un pequeño grupo formado por unos cuatro o cinco militantes se interna en la selva chiapaneca y, entre las sombras, comienza su contacto con las comunidades indígenas. Domina una visión guerrillera tradicional: una vanguardia ilustrada y armada formará un ejército para tomar el poder e impulsar el cambio social desde ahí.

Durante diez años de trabajo político y militar se preparan para la guerra. En 1993, y al calor de las negociaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), una base guerrillera es descubierta por el Ejército Federal. Quienes están enterados saben del riesgo que corre toda la región si el ejército interviene para arrasar con esa “guerrilla indígena”; no obstante, el Gobierno mexicano guarda silencio para no entorpecer las negociaciones comerciales.

Justamente el día que entra en vigor el TLCAN, y después de una larga consulta en las miles de comunidades que se han organizado, el EZLN se levanta en armas la madrugada del 1 de enero de 1994. Dice Marcos en el mismo comunicado: “Lo que para nosotros inicia en 1994 es uno de los muchos momentos de la guerra de los de abajo contra los de arriba, contra su mundo… Era y es la nuestra, como la de muchos y muchas de abajo, una guerra por la humanidad y contra el neoliberalismo”. Los combates no duran más de doce días, porque el 12 de enero de 1994 una marcha multitudinaria en la ciudad de México se manifestó por el alto al fuego. Los zapatistas interpretaron esta expresión como la de “un ejército que se atravesó entre dos ejércitos”. Desde entonces, a más de 20 años de distancia, los zapatistas no han disparado una sola bala; en cambio, el Ejército Federal ha mantenido la guerra contra los pueblos indígenas, de Chiapas y de otras latitudes, de manera directa o a través de los grupos paramilitares.

Patrullaje del Ejercito en Ocosingo, considerado territorio zapatista En los días inmediatos al alzamiento zapatista del 1 de enero de 1994, el ejército y los federales hacían recorridos buscando insurgentes. En la imagen, el ejército vigila Ocosingo, Chiapas. Foto: Emiliano Thibaut

En aquel entonces, el presidente Carlos Salinas de Gortari prometió una Ley de Amnistía (que quiere decir perdón), para desarmar a los insurrectos. Pero nunca se hubiera imaginado que esto daría lugar a uno de los más memorables comunicados del subcomandante Marcos: “¿De qué nos van a perdonar?”. Ahí se formulan preguntas que siguen siendo flechas directas al corazón para todo aquel que cuestiona el alzamiento indígena: “¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿De no morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado humildemente la gigantesca carga histórica de desprecio y abandono? ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? ¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos? ¿De ser mexicanos todos? ¿De ser mayoritariamente indígenas? ¿De llamar al pueblo mexicano todo a luchar, de todas las formas posibles, por lo que le pertenece? ¿De luchar por libertad, democracia y justicia? ¿De no seguir los patrones de las guerrillas anteriores?”.

En este comunicado aparecen muchas de las claves para comprender la lucha zapatista. Ellos siguen preguntando, en el último comunicado: “¿Nuestros muertos, tan mayoritariamente muertos, tan democráticamente muertos de pena porque nadie hacía nada, porque todos los muertos, nuestros muertos, se iban así nomás, sin que nadie llevara la cuenta, sin que nadie dijera, por fin, el ‘¡Ya basta!’ que devolviera a esas muertes su sentido, sin que nadie pidiera a los muertos de siempre, nuestros muertos, que regresaran a morir otra vez pero ahora para vivir?”.

Desde ahí podemos entender el sentido permanente que los zapatistas le dan a la muerte, una muerte para dar vida, como la muerte de la “botarga” llamada Marcos, o el asesinato de Galeano. Muertos para dar vida. Y la pregunta recurrente de aquel momento fue: “¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?”.

Subcomandante insurgente Marcos, hoy Galeano El subcomandante Marcos, que en algún momento también se hizo llamar Delegado Zero, encabeza el mitin en el Zócalo de la ciudad de México con el que concluyó la caravana zapatista realizada en 2006.

El entonces secretario de Gobernación, Manuel Camacho Solís, hoy senador por la izquierda electoral, fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas por Carlos Salinas. Los zapatistas saludaron el nombramiento si realmente había voluntad de diálogo y de paz, aunque lo rechazaban si era una mera estrategia para el engaño y la mentira. El Gobierno Federal cumplió con tres de las condiciones que pusieron los zapatistas; la cuarta, el reconocimiento del EZLN como fuerza beligerante, no fue cumplida. (Y hasta la fecha.) A pesar de todo, se forma la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), presidida por el entonces obispo de San Cristóbal de las Casas, don Samuel Ruiz García, y comienzan los diálogos de paz.

Este periodo de las Conversaciones de la Catedral no deja de tener diversas tensiones, al grado que el 9 de febrero de 1995, ya con Ernesto Zedillo como presidente de la república, se da un supuesto desenmascaramiento del subcomandante Marcos dado a conocer por los grandes medios de comunicación y en cadena nacional. Simultáneamente, el Ejército Federal toma la comunidad de Guadalupe Tepeyac, supuesta sede de la Comandancia General del EZLN. En resumen: el Gobierno aplica una política tradicional en el corporativismo priista: tiende una mano para dialogar y acordar la paz, pero golpea y traiciona con la otra.

Con renuencia de parte de los zapatistas, los diálogos de paz se trasladan a la comunidad zapatista de San Andrés. Se elabora una agenda muy completa, pues no se negocia con el Gobierno sólo para los zapatistas, sino, en general, para los pueblos indígenas y para todo el país; por tanto, son cuatro las partes involucradas: además de zapatistas y Gobierno Federal, participan la conai y los representantes del Congreso Nacional Indígena (CNI). De los temas preparados para las mesas de diálogo, sólo se agota el de Derechos y Culturas Indígenas, cuya firma se realiza el 16 de febrero de 1996. Son los Acuerdos de San Andrés, que no se han cumplido.

20 años del EZLN

Los zapatistas no se quedan en los diálogos de San Andrés. De manera simultánea hacen los preparativos para el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, al que convocan durante el verano de 1996, y al que asistirían más de 6 mil personas de los cinco continentes. Muchos vemos en ese acontecimiento el germen del movimiento internacional antisistémico que, posteriormente, en Seattle o Génova, en Cancún o Dubái, se manifestaría contra los organismos internacionales que impulsan la liberalización del comercio y la profundización de las políticas de ajuste estructural o neoliberalismo.

Las diversas formas de lucha que desarrollan las y los zapatistas incluyen el silencio. Ante el incumplimiento del Gobierno Federal de los acuerdos firmados, los zapatistas se repliegan y guardan silencio, no de una o dos semanas o meses, sino de años. Combinan el silencio con diversos tipos de consulta a “las sociedades civiles” que en ocasiones organizan. Así es como realizan la Marcha del Color de la Tierra, que recorrió varios municipios del país a finales del año 2000 y principios de 2001, a favor del pleno cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés y del reconocimiento constitucional de los derechos y las culturas indígenas, que culminaría con la presencia del ezln en el Palacio Legislativo de San Lázaro y la maravillosa intervención de la comandanta Esther en la tribuna. Esta marcha es algo inédito en la historia de los movimientos sociales en México, pues en su trayecto, desde la selva Lacandona hasta la ciudad de México, se movilizaron millones de personas que se reconocieron en las miradas de las y los zapatistas. Esta marcha no se explica sin antes comprender que, tres años atrás, en el verano de 1998, los zapatistas habían lanzado la V Declaración de la Selva Lacandona, en la que señalaban una parte de la lucha del EZLN: “Por el lugar que merecemos en la gran nación mexicana”.

Así, encontramos la clave de la dinámica en las formas de lucha de las y los zapatistas: un largo periodo de silencio, una iniciativa política expresada en una Declaración de la Selva Lacandona y una movilización. Ante la tozudez de los tres poderes del Estado mexicano, que no reconocen plenamente los Acuerdos de San Andrés, las y los zapatistas inician otro largo periodo de silencio, hasta el verano de 2003, cuando lanzan la VI Declaración de la Selva Lacandona, “la más audaz y la más zapatista de las iniciativas que hemos lanzado hasta ahora”.

20 años del EZLN Habitante de la comunidad de La Garrucha, que es uno de los cinco caracoles (comunidades autónomas) de los zapatistas en la selva Lacandona. Foto: Emiliano Thibaut

Con esta iniciativa hay otro movimiento de muerte que da vida. Los llamados “Aguascalientes”, lugares de encuentro, reflexión y diálogo entre zapatistas y “sociedades civiles”, mueren para dar lugar a los “Caracoles zapatistas”, sede de las juntas de Buen Gobierno, instancia de coordinación de las diversas tareas de las comunidades zapatistas y lugares donde se practica, de facto, el “mandar obedeciendo” que marca una manera diferente de hacer política, con cargos rotatorios y temporales y donde, además, participan por igual hombres y mujeres.

Uno de los ejes centrales de esta manera de hacer política se agudizará por contraste con la política oficial. En ocasión de las campañas presidenciales de 2005-2006, los zapatistas lanzan La Otra Campaña, la propuesta política de la Sexta Declaración. Las y los zapatistas volverían a salir de sus comunidades para recorrer el país convocando a la gente a integrarse a La Otra Campaña, a construir sus autonomías, lo mismo en los barrios de las grandes ciudades que en el campo, en las fábricas y las escuelas. Y esa misma es la lectura que hacen las y los zapatistas de estos veinte años: “Y en lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo”.

Cuando los grandes medios de comunicación —“los de paga” dicen las y los zapatistas— han construido la idea de que los zapatistas han desaparecido, en uno de los grandes periodos de silencio y en el contexto del surgimiento del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, que recogió las historias, los dolores y las lágrimas de miles de familiares de víctimas de la violencia de la guerra contra el narcotráfico, el 21 de diciembre de 2012 irrumpieron nuevamente, de manera masiva, casi 40 mil personas, en su gran mayoría jóvenes, y lo hicieron en silencio.

20 años del EZLN Además de tener su propio sistema de gobierno, en los territorios rebeldes zapatistas tienen su propio plan de estudios, que no es reconocido por las autoridades federales. En la imagen, de 2005, se puede ver un salón en el caracol Morelia. Foto: Emiliano Thibaut

Así lo narra el comunicado “Entre la luz y la sombra”: “El 21 de diciembre del 2012, cuando la política y el esoterismo coincidían, como otras veces, en predicar catástrofes que siempre son para los de siempre, los de abajo repetimos el golpe de mano del 1 de enero del 94 y, sin disparar ni un solo tiro, sin armas, con nuestro solo silencio, postramos de nuevo la soberbia de las ciudades cuna y nido del racismo y el desprecio.”

En los más de 20 años de vida pública, los zapatistas han podido construir mejores condiciones de vida para sus comunidades; pero algo cambió en ese tiempo y se dieron varios relevos, que no se reducen al generacional, y es una de las mayores críticas a las izquierdas tradicionales. Se realizó el relevo de clase, del origen clasemediero del fln, al indígena campesino; el de raza, de la dirección mestiza a la dirección indígena. Pero, subraya Marcos, el relevo más importante es el relevo del pensamiento: “del vanguardismo revolucionario, al mandar obedeciendo; de la toma del Poder de Arriba, a la creación del poder de abajo; de la política profesional, a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos; de la marginación de género, a la participación directa de las mujeres; de la burla a lo otro, a la celebración de la diferencia”.

20 años del EZLN Un arco iris se alza como escenografía en la comunidad de La Garrucha. Foto: Reuters

Su iniciativa político-cultural más reciente es “La escuelita zapatista”, con el curso “La Libertad según l@s zapatistas”, en la que han participado, en sus tres ediciones, miles de personas de México y de todo el mundo. Una experiencia educativa que consiste en vivir casi una semana con una familia zapatista, con un votán —protector— asignado a cada participante, quien es guía, traductor y encargado de explicar y responder todas las preguntas de los participantes. En la convicción zapatista está el que “para luchar sólo se necesita un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización”.

Con ocasión del homenaje a Galeano —cuyo asesinato ha provocado tanto dolor y rabia— que ha despertado solidaridad nacional e internacional, Marcos advierte que “al asesinar a Galeano, o a cualquiera de los zapatistas, los de arriba querían asesinar al EZLN”. No deja de ser emblemático el final del comunicado: “Mi nombre es Galeano, Subcomandante Insurgente Galeano… ¿Alguien más se llama Galeano? (se escuchan voces y gritos). Ah, tras que por eso me dijeron que cuando volviera a nacer, lo haría en colectivo”. m

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