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“Una democracia avanzada reconoce a sus indígenas”

En México viven alrededor de 15 millones de indígenas. Alcanzar con esas comunidades una genuina relación de respeto, equidad e igualdad de oportunidades es fundamental para aspirar a una democracia avanzada

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Diversos colectivos trabajan en la creación de la Ley Indígena de Jalisco. Foto: Flickr/Moon Laboratory
Diversos colectivos trabajan en la creación de la Ley Indígena de Jalisco. Foto: Flickr/Moon Laboratory

En México, los indígenas son los más pobres entre los pobres; los peor alimentados entre los desnutridos; si no hablan español estarán condenados todavía a un mayor rezago educativo y económico. Y para el gobierno de Jalisco no son, por ahora, ni siquiera un sujeto de derecho, sino una entidad de interés público, igual que un partido político, una unidad deportiva o un hospital.

“La clave para solucionar los problemas del país reside en el asunto indígena”, subraya Francisco Talavera, profesor del ITESO y uno de los asesores de los diputados y las organizaciones indígenas jaliscienses que están pugnando para que este año se haga realidad una histórica reforma a la Ley Indígena de Jalisco. ¿Qué se busca? Que el Estado reconozca como “adultas” a las comunidades indígenas. “Esta reforma es muy importante porque implica que el Estado ya no las trate como menores de edad y que haya un reconocimiento pleno de su organización”, explica Talavera.

Hasta el momento no existe una ley federal para los indígenas, así que son los estados quienes deben hacerse cargo de promulgar las propias para garantizar que puedan, entre otras cosas, elegir a sus autoridades por el sistema de usos y costumbres. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), las violaciones más fuertes en materia de derechos humanos indígenas se concentran en la del derecho a la consulta.

Las reformas que deberán votar los diputados del PRI, PAN, PRD, Movimiento Ciudadano y el Partido Verde Ecologista han sido armadas conjuntamente por las comunidades indígenas antes señaladas y por investigadores del ITESO, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y la Universidad de Guadalajara. “Es extraño que en pleno siglo XXI estemos impulsando una reforma que se debería haber resuelto hace 22 años, cuando se levantaron los zapatistas [el EZLN]”, lamenta el profesor del Centro de Formación Humana del ITESO.

A lo largo de su historia, las universidades jesuitas de México, como el ITESO, han elaborado o participado en una larga lista de asignaturas y proyectos interculturales: secundarias y preparatorias bilingües en la sierra wixárika; el Instituto Superior Intercultural Ayuuk, en la sierra mixe de Oaxaca; becas para estudiantes indígenas; acuerdos de colaboración con entidades como el Consejo Regional Wixárika o voluntariados en distintas partes del país. Pero falta mucho trabajo. “Hay que insistir en la interculturalidad de manera cotidiana”, sugiere Talavera y añade: “Existe un contexto de desigualdad al que se enfrentan los alumnos indígenas y varios detalles que tienen un impacto en el resultado final de las becas que otorga el ITESO. Es importante revitalizar la Universidad Solidaria, un proyecto que prometía mucho, porque ahí los estudiantes se organizaban y era el semillero de muchos procesos”. m.

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