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“Quienes se aíslan en temas de comercio, se aíslan ideológicamente”: Jorge Huerta Goldman

En el complejo escenario actual, el especialista en comercio internacional destaca la necesidad de que México establezca sus relaciones con otros países a partir de diagnósticos y de que se trabaje más firmemente en la diversificación de los productos y los mercados

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El especialista afirma que es necesario tomar decisiones a partir de diagnósticos. Fotos: Lalis Jiménez
El especialista afirma que es necesario tomar decisiones a partir de diagnósticos. Fotos: Lalis Jiménez

La administración de Donald Trump está usando las barreras al comercio como una herramienta electoral, y a eso hay que sumarle un gobierno mexicano que parece que aún no encuentra la coordinación necesaria para enfrentar tal reto.

En este entorno, la opinión de expertos como Jorge Huerta Goldman es más que relevante. Por más de una década fue miembro de la misión de México ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), y actualmente es consultor legal en comercio e inversiones en TILPA International Trade and Investment Law, en Suiza, asesorando a compañías, gobiernos y otras partes interesadas en la responsabilidad del Estado, en derecho internacional y en derecho transaccional.

Huerta Goldman tiene una maestría en Derecho Comercial Internacional por la Universidad de Arizona, Estados Unidos; otra en Derecho de la Comunidad Europea, por el Colegio de Europa en Brujas, Bélgica, y un Doctorado en Derecho por la Universidad de Neuchâtel, en Suiza. Pero, antes de todo eso, estudió la licenciatura en Derecho en el ITESO, así que esta plática se dio en ocasión de la visita que hizo a su alma  mater para coordinar el taller “Diálogo entre empresarios y abogados. Impartición de justicia en contratos comerciales: de casos prácticos a estrategias”, el pasado mes de julio.

Ante la pregunta acerca de cuáles son los retos que enfrenta el comercio internacional, el especialista prefiere responder con base en la idea más romántica de su profesión: “la integración económica puede evitar guerras”. Sin embargo, tampoco renuncia al pragmatismo y advierte de los riesgos del nacionalismo excesivo y de la falta de diversificación.

Se repite con frecuencia que nadie está por encima de la ley, pero también se dice que obtiene justicia aquel que puede pagarla. Después de más de una década en la delegación mexicana ante la OMC y de 21 años en la práctica legal, ¿cuál de esas dos premisas ha sido más común en su experiencia?

El sistema es imperfecto, hay áreas que son más coercibles que otras. Haría una división de tres categorías: Estado con Estado, en todo el comercio; particular con particular; y particular con Estado. La parte de derecho público es lo que hace el Estado con los particulares, y la parte de derecho privado es entre un particular y otro particular.

La eficiencia [del derecho en la relación] Estado-Estado es baja; la eficiencia particular-particular depende de las herramientas que se utilizan. Pero si la comunidad indígena de Oaxaca que exporta café utiliza las herramientas buenas, es tan eficiente como la multinacional más fregona. Yo soy la empresa exportadora de café de Oaxaca y le estoy vendiendo a una multinacional en Holanda; tengo un buen contrato y la multinacional no me paga; puedo encontrar un buen equipo de abogados que esté dispuesto a ayudarme y a llevarse un poco de lo que se recupere de la multinacional; entonces, aun sin tener capital para invertirle al litigio contra la multinacional, se puede encontrar un fondeo para que te financie ese litigio. No por ser chiquito, sino por ser un buen negocio y por tener un caso sólido.

Jorge Huerta Goldman

De ahí la importancia de la asesoría desde el inicio…

Exactamente, de ahí la importancia de encontrar las herramientas básicas e insertarlas desde el principio y entenderlas. Aquí, en un caso de particular-particular, estamos hablando de una transacción entre una empresa mexicana y una empresa europea. Pero hay miles de transacciones entre empresas mexicanas y empresas europeas, por lo cual el gobierno de México y otros gobiernos abren canales de comercio, y ahí estamos frente a un caso Estado-Estado; por ejemplo, el tratado de libre comercio entre México y la Unión Europea.

Los casos Estado-Estado no son tan eficientes, y el ejemplo que te doy son las últimas negociaciones de aranceles, los aranceles [de 5 por ciento a todos los productos mexicanos] que quería imponer Trump a cambio de que México tomara medidas para detener la migración de centroamericanos.

Hay una tercera posibilidad —que es poco socorrida por las empresas mexicanas, pero más por las empresas de socios comerciales de México contra México—, en la que tienes la oportunidad, como particular, de demandar al Estado para que te resarza por los daños que te causó. Por ejemplo, las empresas siderúrgicas, dado que Trump impuso este arancel al acero, y ese arancel al acero es una violación al derecho internacional.

 

Políticas monetarias más restrictivas, retóricas proteccionistas, tensiones geopolíticas. Desde fuera, parece que no son los mejores tiempos para el comercio internacional. ¿Cuáles son los desafíos más inquietantes en esta materia en la actualidad?

Empiezo con la filosofía que me llevó a ocuparme de la parte jurídica del comercio: en Europa hubo tres guerras; ha habido un chingo de guerras por todos lados, pero ésas fueron consideradas mundiales: primero, una guerra franco-prusiana (1870-1871); luego, la Primera Guerra Mundial (1914-1918), entre Francia y Alemania; y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Luego de la Primera Guerra Mundial, se trató de prevenir una segunda guerra, y los ganadores de la Primera Guerra Mundial le prestaron dinero a Alemania para que se reconstruyera —enviaron a los contadores con el dinero—. Veinte años después, estalla la Segunda Guerra Mundial.

Después de ésta hay un cambio en la política de los que ganaron: no mandan a los contadores; les mandan el dinero, pero mandan a los economistas y dicen: “No me pagues, pero vamos haciendo una integración económica”. Y la razón era: “Francia y Alemania se están dando en la madre y, si se dan en la madre estos dos, se da en la madre todo mundo”. A mayor integración económica entre los dos, menor posibilidad de ruptura diplomática. A menor posibilidad de ruptura diplomática, menor posibilidad de guerra.

No sé si sea primero el huevo o la gallina, pero los Estados se ven presionados por todos sus electorados a abrir los puentes; se abren los puentes y hay más contratos entre unos y otros. Ahora, ésta es una filosofía bien trillada, porque es de los años cuarenta; a mí se me hace fuertísima y por mucho tiempo se nos olvidó por completo.

Pero Trump sale con sus tonterías de decir: “los mexicanos apestositos” —con todo lo que conlleva esa frase—, y: “voy a cerrar el mercado con los mexicanos, y voy a ser duro y a hostigar a los mexicanos”. ¿Y quiénes nos están defendiendo? Los comerciantes gringos. Cuando empezó con sus tonterías de aranceles, etcétera, salían cámaras, por ejemplo, la cámara de los plásticos gringa, a decir: “Mi mejor cliente de todo el mundo es México, no te puedes pelear con México”.

Entonces, el elemento filosófico que se materializó aquella vez con Francia, y que franceses y alemanes, con los arreglos de los aliados, resolvieron instrumentar, funcionó: ahora nadie piensa en que Alemania y Francia se vayan a pelear. Hay problemas fuertísimos con África del Norte, con Medio Oriente, pero ése se resolvió. Falta arreglar los otros.

 Jorge Huerta Goldman

Ahora que menciona la relación de México y Estados Unidos, una petición histórica ha sido la de separar los dos grandes temas que tenemos con la Unión Americana: el comercio y la migración. Pero ante desafíos como los que impone la política de Donald Trump, ¿qué estrategias debería estar planteándose el gobierno mexicano?

Creo que el reto está bien perro, porque —sin haber hecho un análisis político muy detallado, así como a ojo de buen cubero— me parece que antes no existía proteccionismo electoral, es decir, convencer a tu electorado por el simple hecho de proteger, no lo había visto.

Dentro de las reestructuras que he estado observando en el gobierno federal mexicano, hay mucho cambio de personal, y estos asuntos son altamente técnicos. Lo que me llamó la atención en el problema de los aranceles y la migración es que quien integró la misión negociadora fue la Secretaría de Relaciones Exteriores, y la Secretaría de Relaciones Exteriores no es la que se encarga de la migración ni la que se encarga de los aranceles. Sé que no había negociadores de Economía, y creo que tampoco había de Gobernación.

En ese sentido, me parece que la coordinación interna requiere más afinación. Es como un barco: vamos en medio del Atlántico en un barco de vela y tenemos que tener las velas listas, y manejadas, a lo mejor por el capitán; los cañones, listos, por si encontramos al enemigo; el ancla, lista, por si tenemos que dar media vuelta; las astas, resistentes, etcétera. Creo que hace falta un ajuste importante.

 

¿Estorba también la retórica nacionalista que tiene la actual administración, esta retórica de “ya no vamos a traer las cosas, nosotros las podemos producir”?

Son políticas públicas de comercio bien delicadas, porque deberían estar pensadas en función de la estadística, o sea, en función de los hechos.

Me preocuparía que esta administración no esté haciendo un diagnóstico antes de decidir, o que decida sin diagnóstico.

También están los valores que quieres tomar en cuenta al desarrollar políticas públicas de comercio. Quieres una economía fuerte, pero además quieres que la economía ayude al fortalecimiento de lo social, y también quieres ayudar al consumidor. Y muchas veces esos tres rubros parece que entran en conflicto. Pero los tres son muy importantes; entonces, hay que ir equilibrándolos, porque si te enfocas en uno solo, o si rompes uno de los tres, ya valió.

Si dices: “Voy a hacer todo en México”, pues ¿qué es todo? ¿Qué haces y qué no haces? Entonces, algo que me parece siempre muy difícil para el Estado —y estamos hablando de políticas públicas de comercio— es cómo saber qué se debería producir en México.

Por otro lado, los países que se han aislado internacionalmente en cuestiones de comercio, por lo regular también se aíslan ideológicamente. Pongo dos ejemplos: Venezuela era de los países perros en los años ochenta, y Argentina también; a Argentina le pegó la corrupción, más que la ideología, pero en Venezuela hubo una ideología de cierre y de “se produce todo aquí”, “expropiación, me quedo con la fábrica”, “cómo puedo empezar a producir el producto local”, con una injerencia muy fuerte del Estado. No me estoy yendo a decir cuál es el mejor mecanismo para determinar en qué medida debe intervenir el Estado. Pero a los países que se han metido en exceso no les ha ido nada bien. Y hay otros países, como Vietnam, que es comunista, con un partido comunista, pero es uno de los pocos que tienen tratado de libre comercio con Estados Unidos: es su proveedor número tres de textiles, y uno de los primeros cinco mundialmente.

Jorge Huerta Goldman

Eso en cuanto a los Estados. En cuanto a los particulares, hablando sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (ahora T-MEC), el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, siempre se mostró seguro de que México cedería porque 80 por ciento de nuestro comercio internacional depende de ese país. México es, sin embargo, una de las naciones con más tratados comerciales del mundo. ¿Por qué no se aprovechan estas herramientas?

México trae la estrategia de diversificar desde hace años y no ha sido posible. Sí hay un crecimiento, pero no hay diversificación. La tasa de crecimiento del comercio con Estados Unidos ha sido fuerte, como entre 15 y 20 veces: el crecimiento de exportaciones de comercio total con Estados Unidos ha sido enorme. El crecimiento con otros países socios comerciales también ha sido muy sustancial, pero sigue siendo mínimo con respecto a Estados Unidos. Se ha logrado crecimiento, pero no se ha logrado crecimiento diversificado, y ahí está la pregunta del millón.

Mucha de la importación y la exportación de Estados Unidos consiste en bienes y productos que no necesariamente son del todo originarios de Estados Unidos, o no necesariamente son destinados en su totalidad al mercado de Estados Unidos. Por ejemplo, las bicicletas que vemos aquí en la calle, que son las chidas, son de empresas de Estados Unidos —de California—, o de países donde le pegan mucho a la cleta, con una tecnología superfregona; son bicicletas de alta calidad, pero no están hechas en Estados Unidos: están hechas en China, o tienen líneas de producción en las que las llantas se producen en tal lugar, otras piezas en tal otro lugar, y se ensamblan o se empaquetan en China y se mandan a California, y de California se meten a México. Ahí hay una diversificación que ya hicieron los gringos y que no ha podido hacer México. Pero hay empresas mexicanas que venden en todos lados. Hay empresas que han diversificado y se meten por las redes de los tratados; Cemex es una de ellas.

Estados Unidos es un muy buen mercado y todo mundo quiere entrar en él. Una de las ventajas competitivas que tiene México es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que le da una entrada muy preferencial que no tienen otros países, mientras que los que ya tienen tratados similares no tienen nuestra cercanía; por ejemplo, los gringos nomás pueden comprar tomate en México, no hay la tecnología para traer tomate de Australia. Es un juego difícil, la diversificación, pero es fundamental, y ese juego ya se nos estaba olvidando. Con todos esos tratados de libre comercio, México está buscando diversificar, y ahora que Estados Unidos empieza a poner el pie en la puerta, nos urge hacerlo.

 

En el entorno que determina la guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá, países como México son actores colaterales. ¿Cómo afectan las circunstancias actuales las vidas de los ciudadanos?

Hay una cantidad de elementos y una cantidad de contratos y de flujos comerciales que ni siquiera las estadísticas más perras de los Estados las pueden ver: no hay forma. Puedes ver el macro, lo puedes ver en todo, pero ese macro no te da; es decir,  puedes ver cuántos guantes se importaron, pero no sabes si son guantes de uso especial, a lo mejor porque la clasificación arancelaria es nada más de guantes; a lo mejor en la misma clasificación arancelaria tienes guantes de buceo, guantes de médico, guantes de electricista. Entonces no sabes: tú cierras el comercio de guantes y le das en la torre a muchos, hay unos efectos negativos fuertísimos.

Esta guerra comercial tiene, sí, consecuencias. La ola llega hasta acá y llegará para bien y para mal. Me tocó colaborar con un exportador de ganado en pie. Estados Unidos cerró el mercado de venta de ganado en pie en México, y lo mantuvo cerrado durante mucho tiempo. Cuando los exportadores pararon, hubo uno que continuó y me decía que ésos habían sido sus años mejores, aun cubriendo el pago excesivo que cobraba Estados Unidos. Aun con ese sobrepago, su negocio seguía brillando. .

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