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“La paz la van a abanderar colectivos sociales y cronistas”

Después de la masacre de 72 migrantes en Tamaulipas el año pasado, esta escritora catalana envió un correo electrónico a algunos de sus colegas preguntándoles si se rendirían. De ahí nació el blog Nuestra aparente rendición, un espacio en el que se debaten alternativas a la violencia que aqueja al país.

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Cuando la hiperactiva escritora catalana Lolita Bosch (Barcelona, 1970) pisó por primera vez tierras mexicanas a mediados de los noventa —después de haber vivido en India y Estados Unidos—, supo que había llegado a casa.

Le encantó, entre otras muchas cosas, la libertad que se vive por estos rumbos y a pesar de todo. “En México hay más libertad individual para elegir lo que se quiere ser”, dice vía Skype desde Barcelona. “En México se conversa mucho. Eso me gusta. Me hace sentir muy cómoda el no tener que definirme constantemente”.

En el DF, ciudad donde radicó durante una década y a la que suele regresar a cada rato, pronto se hizo amiga de todos los escritores y artistas que conoció, que fueron muchos y de muy diversa índole. Admiradora del poeta Manuel Maples Arce, estudió una maestría en Letras Mexicanas en la unam y, tiempo después, formó con su colega Mario Bellatin la Escuela Dinámica de Escritores. “He sido alumna de todo el mundo”, dice Lolita, quien se define a sí misma en su página como “un experimento literario no terminado”.

Hace tiempo que se asume como una mexicana más. Claro que España sigue siendo su patria pero, por alguna razón, México es el país que le duele. Por eso resultó lógico y hasta natural que aquella mañana de agosto de 2010, cuando estaba en Barcelona y se enteró del asesinato de 72 migrantes centroamericanos en Tamaulipas a manos de un grupo de narcotraficantes que, según se supo después, pretendían obligarlos a incorporarse a sus filas, Lolita se sentara frente a su computadora y escribiera una carta, que era en sí misma una propuesta para sus amigos mexicanos. Una propuesta que dibujaba un gran signo de interrogación: “¿Nos vamos a rendir? ¿O es que ya lo hemos hecho?”.

Imágenes y textos tomados del altar virtual www.72migrantes.com, realizado en recuerdo de los 72 migrantes centro y sudamericanos asesinados en Tamaulipas en 2010

 

Poco tiempo después vendría a su cabeza una frase que condensaba aquel correo electrónico que había enviado: “Nuestra aparente rendición”. Así surgió un blog pensado en un principio para que se manifestaran los escritores e intelectuales mexicanos. Sin embargo, la plataforma evolucionó en algo más útil: un espacio ciudadano que, hasta el pasado mes de abril, contaba con más de 170 mil visitas (sumando todos los proyectos que cubre).

Ahora, el blog ha dejado su lugar a un nuevo sitio web: Nuestra Aparente Rendicion. La idea es que sea aún más accesible para los usuarios y que genere más participación; que los contenidos estén mejor organizados y sean más fáciles de localizar; que tenga mayor peso en la vida nacional.

“Ante la inseguridad en México”, señala el portal a manera de editorial, “los artistas, pensadores, lectores, escritores, profesores, estudiantes, críticos y demás ciudadanos interesados, mexicanos de nacimiento o de corazón, debemos comenzar a criticar, protestar, imaginar, proponer de una manera activa y sistemática. Creemos que nos urge inventar recursos para ser quienes somos y no quienes nos están acorralando a ser. Tratando de superar, nosotros también, nuestra aparente rendición ante lo que nos sucede”.

Nuestra Aparente Rendición (NAR), cuyo equipo base está conformado por nueve voluntarios —Beatriz Patraca, Cristina Rentería, Haydée Lugo, Jorge Harmodio, Alejandro Vélez, Irene Bosch, Alicia González y Julio César Aguilar Fuentes, además de Bosch—, funciona como un enlace con otros proyectos relativos a la denuncia de la violencia y, sobre todo, a la construcción de la paz. Es el caso, por ejemplo, de Menos Días Aquí, blog dedicado a contar las muertes por violencia que se registran en territorio nacional. “Mantenemos vivos a nuestros muertos”, reza este sitio, “reclamamos paz”. Funciona desde el 12 de septiembre y hasta el cierre de edición de esta revista contabilizaba 11,162 muertos. La cifra sigue en aumento.

“Nuestra tarea es hacer lo que las autoridades no hacen, en el sentido más humano”, señala Alicia González, coordinadora de Menos Días Aquí. “Ponemos nombres, buscamos detalles. Ya no queremos que sigan siendo cuerpos. Queremos saber quiénes mueren, en qué condiciones, por qué razones. Queremos que la gente no pierda la sensibilidad humana”.

El blog Menos días aquí cuenta todos los días las muertes por la violencia en México. En esta imagen recuperamos los nombres de algunos de los difuntos identificados durante parte del mes de junio de 2011

Otro sitio conectado con NAR es 72migrantes.com, altar que escritores mexicanos dedicaron a los migrantes asesinados en Tamaulipas, proyecto de la periodista mexicana Alma Guillermoprieto.

NAR es, pues, un proyecto ubicuo, al igual que su gestora, activista incansable y viajera natural, que lo mismo escribe en catalán o en español), que hace fotografía o teatro, imparte cursos literarios o impulsa bibliotecas populares. De hecho, la autora de los libros La persona que fuimos, Hecho en México —antología personal de literatura mexicana— y El mapa latinoamericano de nuestro futuro —antología sobre la violencia en América Latina—, está por concluir una novela sobre el narco.

Lolita Bosch no para de moverse. Y, sin embargo, a veces es posible hablar unos minutos con ella, como en esta ocasión, cuando la localizamos en el ciberespacio.

A juzgar por la foto que aparece en pantalla, Lolita es una mujer de cara redonda que mira con unos ojos muy grandes. En la imagen luce un poquito triste, o enfadada tal vez, con una mano al cuello y la cabeza inclinada. La voz se escucha cálida y cercana. Es una voz que avanza con rapidez.

¿Por qué resides de nuevo en Barcelona, luego de diez años de vivir en México?

Qué pregunta… Porque acá tengo un perro xoloescuincle ya muy viejito y me da tristeza dejarlo solo. Y la verdad es que en Barcelona es más fácil vivir dedicándome sólo a escribir. En México hacía todo tipo de cosas.

¿NAR nace como un llamado al compromiso social?

A estas alturas, más que compromiso es obligación. No hay tiempo para ponerse a discutir. Es momento de regresar lo que nos dieron. Lo que se está poniendo de manifiesto con la realidad que se vive en México son las inmensas desigualdades sociales. Todos los privilegiados de la sociedad que han crecido allí le deben mucho a México.

Esa primera carta que les escribiste a tus amigos, cuando te enteraste de la matanza de los migrantes, ¿encierra de cierta forma un manifiesto?

No tanto. La idea era decirles: “Oigan, estamos todos en el mismo lugar”. Hacerles una invitación. El blog parte de la idea de que había que ponernos a pensar cómo es que hemos llegado hasta aquí. Pensar en comunidad. El blog no es mi idea. Es una puesta en común. Mi única ideología, si le puedo llamar así, sería editarlo.

Desde la plaza Trocadero, en París, un grupo de mexicanos enviaron al presidente Calderón sobres vacíos. En cada uno escribieron como remitente el nombre de un mexicano muerto. El objetivo de esta acción poética era “simbolizar el vacío que la persona ha dejado en la sociedad”. Aquí presentamos una serie de ellos


Lolita considera que en México la información que, en términos generales, circula en los medios tradicionales, no es muy buena. Que tenemos muchas lagunas y que muchas de las noticias que sobre nuestro país llegan a España están mal contadas. Ésa fue otra de las razones que la llevaron a fundar NAR aquel 29 de septiembre de 2010, día en que el blog ofreció sus primeros tres textos, firmados por Yuri Herrera, Arturo Mendoza y Mario Bellatin.

“Empezó siendo un blog de escritores, pero me interesan mucho los chavos”, dice y saca a colación uno de los múltiples viajes que ha hecho estando en México, hace no mucho tiempo, a Jalisco. “Hablé con un grupo de 80 estudiantes en Tonalá y fue horrible. Me dijeron que al mismo tiempo que estaban orgullosos de ser mexicanos, también tenían miedo de vivir allí. Encontrarme con aquellos adolescentes sin esperanza me pareció muy desconcertante, porque en México siempre había ganado la esperanza”.

Este tipo de contactos con estudiantes y mexicanos comunes y corrientes le hizo comprender que nar tenía que ser un sitio capaz de escuchar. “La única condición del blog es no insultar a nadie. No sirve de nada entrar e insultar a Felipe Calderón. Sobre todo, tiene que haber diálogo. NAR no es un espacio para la agresión”, señala.

Aun así, Lolita está convencida de que el gobierno mexicano nos debe una explicación y una solución. “También el gobierno gringo y la comunidad internacional, que no han estado a la altura. México merece la atención del mundo”, dice. Por eso, mientras las explicaciones de los gobiernos llegan o no, prefiere confiar en el trabajo de los cronistas mexicanos: Diego Osorno, Magali Tercero, Marcela Turati, Alma Guillermoprieto y Alejandro Almazán son para ella la decencia de México. “Todo lo que sabemos, lo sabemos por ellos”, dice.

Y volvemos, como en una espiral, al origen de NAR:

“En principio fue diseñado para recibir la participación de la comunidad artística, intelectual y educativa. Pero ha crecido tanto la participación, que hasta sicarios, militares y policías han colaborado. Los políticos, en cambio, nunca han escrito. Tienen demasiada chamba que hacer. Y la mayoría de ellos no ha estado a la altura de la ciudadanía”.

Y hablando de políticos, hay una anécdota que retrata la vocación de NAR. En febrero pasado, Lolita recibió una invitación para entrevistarse por videoconferencia con la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton. “Querían hablar con líderes de ongs en México, así que lo sometí a la consideración de los colaboradores del blog. ‘¿Qué quieren que le diga a Hillary Clinton?’, escribí en un post. Al final, el consenso indicó que no tenía caso hablar con un político desde su posición de poder, y la entrevista no sucedió”, cuenta. Sin embargo, Lolita y Alicia González terminaron escribiendo una carta abierta a la funcionaria estadunidense en la que, entre otras cosas, le dicen lo siguiente:

“Creemos, muchos de nosotros, que esta debacle social en la que vivimos sumidos, ante la indiferencia internacional y la impunidad nacional, sólo la podrá arreglar la sociedad civil mexicana. Pero necesitamos que el gobierno mexicano, el estadunidense y la comunidad internacional tomen medidas estrictas y urgentes que frenen la venta de armas, el consumo de droga, el lavado de dinero y la corrupción. Tienen, como tenemos nosotros, la obligación de apoyar las propuestas civiles que luchan por la paz, protegen a las víctimas y combaten la censura. Tienen la obligación de enfrentarse a la pobreza y el abandono que padecen millones de niños y familias mexicanos ante la brutal economía de mercado que los está acorralando y olvidando. Y, por decencia y humanidad, su gobierno y el gobierno mexicano pueden y deben posicionarse del lado de los ciudadanos y no de las corporaciones y los grupos delictivos. Pueden y deben romper las complicidades y la hipocresía, y hablar con la ciudadanía con respeto e igualdad. Pueden y deben reconocer que el problema de la violencia y el del narcotráfico están íntimamente relacionados con el tráfico de migrantes, la pobreza, la prostitución, el secuestro o la trata de personas, problemas gravísimos y crueles que afectan, con una crueldad y una impunidad inimaginables, a la sociedad mexicana y que ustedes tienen la capacidad y la obligación de combatir. Por decencia y humanidad, éstas son obligaciones que tenemos todos. Ustedes, el gobierno mexicano y la comunidad internacional. Pero también nosotros”.

¿Qué opinas del papel que la intelectualidad mexicana ha jugado en estos tiempos violentos?

Uy, me pones en un aprieto. Creo que los intelectuales hacen poco porque no saben qué hacer. Y la gente en general está muy desesperanzada. No creemos ni siquiera que sirva salir a la calle. Nos han menguado mucho los narcos y también las autoridades. Pero si me dijeran que el mundo se acaba mañana, yo, como Luther King, plantaría un árbol.

 Cuando se mencionan la ancestral apatía y el escepticismo de los mexicanos, agrega: “Creo que ahí es donde la clase intelectual ha fallado. Aunque hay quienes están haciendo algo al respecto, muchos no han modificado sus hábitos para ayudar a construir el proceso de paz”.

¿A qué te refieres?

No los veo en las marchas, con los estudiantes. No los veo en Chihuahua con la ciudadanía. Sí los veo en el df, en Guadalajara, en Cuernavaca. Recibo colaboraciones de escritores muy buenos. Veo que la ciudadanía los necesita, pero que al mismo tiempo no puede acceder a ellos. Mi percepción es que hoy, antes que escritores, somos ciudadanos. Y como escritores, es decir, como ciudadanos con privilegios, deberíamos ponernos al servicio de la ciudadanía. No es que piense esto como Lolita. Recibo e-mails diarios que preguntan: “Oigan, ¿por qué no nos ayudan? Tiene más poder un escritor porque tiene voz pública”. Los escritores tenemos más recursos y me parece raro no usarlos. Intento difundir en España mucho de lo que está pasando en México, aprovechando la cercanía que existe entre ambos gobiernos. Hay algunos escritores mexicanos que me han dicho que México les queda muy lejos. Y yo les digo: “Pero es tu país”. Es raro. Pareciera que la postura es: “Yo, como sigo a salvo, no hago nada”.

¿No te parece que el Sistema Nacional de Creadores [creado durante el sexenio de Salinas de Gortari] y sus becas, algunas de ellas vitalicias, ha terminado por adormecer la conciencia de nuestros artistas?

Antes no adormecía. Sin embargo, recibir dinero de Felipe Calderón es una decisión muy seria hoy en día. Hay algún escritor que me ha dicho que sería incapaz de recibir dinero del gobierno federal. Yo también lo sería. Por decencia. Y me parece raro que ningún escritor haya renunciado a sus becas. Tengo amigos que trabajan en el gobierno y les pregunto si no les da pena. Y entonces establecen una diferencia: dicen que trabajan para el Estado y no para el gobierno, lo cual, en mi opinión, marca una línea muy sutil. ¿Por qué hubo escritores que dejaron sus puestos cuando ocurrió la matanza de estudiantes de Tlatelolco, en 1968 [el caso de Octavio Paz], y ahora no hay nadie que haga lo mismo? Al menos yo no he leído nada al respecto. Hay muchos artistas que no necesitan ese dinero.

¿Consideras que está comprada la clase artística e intelectual en México?

No creo. Al menos no conscientemente. Pero lo que sí es un hecho es que no está a la altura de lo que está pasando. No quiero hablar, pero es raro que escritores vengan a Europa sin pedir un minuto de silencio por las víctimas en México. Poniatowska sí lo hizo. No creo que la clase intelectual en México esté comprada, pero la gente está muy desilusionada con ella. Los intelectuales están más cómodos de lo que pensábamos. En corto, me he enojado con amigos. Me puede pudrir que no estén haciendo nada. En NAR pensé que iba a contar básicamente con la participación de escritores. Y me he encontrado con que los narradores, por ejemplo, casi no han escrito. Ni los ensayistas. Roger Bartra sí escribió en el blog, pero hay tantos escritores de los que esperaría un ensayo… En cambio, los poetas sí participan.

¿De qué habla eso?

Los poetas siempre han vivido más en comunidad. Los narradores, no. Me han desilusionado un poco. No me sorprendió que Javier Sicilia moviera tanta gente, porque es muy movido y porque es poeta. Están más chiqueados los narradores, más acomodados. Tienen más dinero. Los poetas siempre son más underground.

¿Esperarías que surgieran escritores-líderes sociales?

Tienen la capacidad. Podrían serlo. Javier Sicilia reaccionó porque le tocó muy de cerca. Van a salir personas que jalen a otras personas, pero, ¿quiénes van a ser? Quién sabe. El día a día es tan rápido e intenso que es muy difícil detenerse a hacer un plan. Creo que hay mucha gente que está reaccionando con cosas muy pequeñas en muchos lugares de la república. Lo difícil es hacer que la gente se una y haya una reacción en masa. Creo que la paz en México la van a abanderar los colectivos sociales, los cronistas, la gente que hace reportajes. Y también los académicos como Edgardo Buscaglia y Luis Astorga.

Al hacer un balance sobre lo que ha sido NAR hasta ahora, Lolita comenta:

“Es agotador. Es muy difícil y triste mantener de pie a gente que ha estado ha punto de quebrarse. Tampoco te sientes como que estás haciendo la revolución. Aguantar esto es un logro. Yo, como escritora, nunca había sentido que hiciera nada útil, socialmente hablando. Ahora sí, aunque suene un poco pretencioso. Es muy lindo que gente que no te conocía de nada, se comunique. Gente que ha podido hablar y que no tenía espacio público. ¿Cómo pasar ahora de lo virtual a lo real? No sé, tal vez no se puede hacer todo. Por lo pronto, me parece increíble que, en medio de esta vorágine, nos demos el tiempo para escuchar a los demás. Ha sido un milagro”. 

¿NAR ha sido entonces una manera de combatir el escepticismo frente a tanta desgracia?

Totalmente. Se trata de difundir, a nivel internacional, lo que está pasando en México. A gente de Argentina, Chile, Uruguay. Que afuera se sepa bien cuál es el conflicto mexicano, pues se tiene la distorsionada impresión de que lo que está sucediendo en México es una guerra honesta. Por otro lado, veo que la negación de lo que vivimos está comenzando a desaparecer y lo que existe ahora es un nuevo escepticismo: ¿nosotros qué podemos hacer? A partir de esta pregunta creamos un directorio nacional de asociaciones que están trabajando por la paz en México. Son horas y horas y horas las que tenemos que entregar al proceso de paz. Esto se va a solucionar con voluntariado, y no en el 2018 como dijo [el secretario de Seguridad Pública] Genaro García Luna. Nos ha costado mucho trabajo reaccionar y ahora hay que hacer reaccionar a la comunidad internacional. Es un trabajo muy lento.

Por cierto: NAR solicita voluntarios. m

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