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“Arturo era un chavo normal, no un héroe o un santo”

Amigos y compañeros recuerdan a Arturo Lavín, estudiante de ingeniería que murió en la Huasteca del estado de Hidalgo mientras hacía un Proyecto de Aplicación Profesional (PAP)

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“Hemos hecho del mundo un lugar muy peligroso, no por los pocos que tratan de hacer el mal, sino por las mayorías que no hacen nada por evitarlo”, escribió en su página de Facebook Arturo Lavín, alumno de Ingeniería Civil, mientras realizaba su Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) en la Huasteca de Hidalgo. Su compañera de PAP, Myriam González Mendoza, recuerda que Arturo copió esa frase de la oficina de Antonio Hernández Hernández, el coordinador regional de Hábitat por la Humanidad, la organización con la que trabajaban.

La frase tomó otra dimensión y fue replicada en varios periódicos y redes sociales cuando los cuerpos de Arturo y Antonio aparecieron asesinados en un paraje del municipio de Tlanchinol, Hidalgo, el 20 de julio. Habían recibido varios disparos y presentaban huellas de violencia física. Las autoridades de Hidalgo aún investigan el crimen.

Hábitat por la Humanidad es una organización internacional que ayuda a construir vivienda en zonas pobres de todo el mundo —actualmente tienen programas para la reconstrucción de Haití, por ejemplo—. Arturo asesoraba a varias comunidades cercanas a Huejutla sobre el proceso de cimentación de sus casas. Los indígenas tenían la costumbre de excederse al cavar, por lo que empleaban más material del necesario y después no podían concluir la construcción.

“Arturo era un chavo normal”, dice Pedro González Franco, su mejor amigo. “No era ningún héroe, no era un santo. No fue a entregar su vida, sino a cumplir con su pap como cualquier alumno y a ayudar a la gente”. Arturo y Pedro se conocieron hace diez años. Compartían el gusto por viajar, por el surf (solían ir con regularidad a La Ticla, una playa en Michoacán) y por la música de Pink Floyd.

Myriam se refiere a él con palabras como “alivianado”, “sencillo”, “protector” y “cariñoso”. Dice que hablaba mucho de su familia, que “intenseaba” hasta cuando comía un pedazo de carne, y relata que unos días antes de su muerte subió un cerro desde donde se podía ver gran parte de la sierra, y que regresó espinado y enlodado porque se había caído.

Durante la misa de San Ignacio, que se celebró el 2 de agosto pasado, el jesuita Pepe Martín del Campo SJ, aseguró que la muerte de Arturo recuerda la inspiración del ITESO: “No solamente se trata de aprender, de saber, si no  de que el aprendizaje nos lleve a ayudar, a liberar a los demás. Toda la ciencia y la técnica, que son maravillosas, tienen un sentido profundo de crear una sociedad en donde todos podamos tener acceso a los bienes necesarios para ser hermanos y hermanas”. m.

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