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¿Y si dejamos de ir a la oficina?

La era de la computación, el internet y las nuevas tecnologías permiten que en cierto tipo de trabajos un empleado ya no deba presentarse a la oficina para terminar sus responsabilidades, pero, ¿es esto mentalmente saludable?

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Cuando en la redacción de Inc. Magazine el escritor Mark Chafkin sugirió la posibilidad de no ir a la oficina a trabajar, jamás pensó que la editora Jane Berenston le daría el visto bueno, y mucho menos que no sólo se lo daría a él sino a todo el equipo. Fue así que la edición de abril de esta revista fue publicada sin que los escritores, productores, editores y diseñadores pisaran la oficina. Todo el trabajo se hizo a distancia. Para ello, no necesitaron más herramientas que las ya disponibles, como servicios de mensajería instantánea o Skype.

Jens Stoltenberg, primer ministro de Noruega, utilizó casi exclusivamente su recién adquirido iPad y su celular cuando quedó varado, como miles de pasajeros más, en el aeropuerto John F. Kennedy de la ciudad de Nueva York, cuando el volcán islandés Eyjafjallajokull hiciera erupción en abril pasado. Así pudo dirigir la nación nórdica. La prensa estadunidense incluso llegó a bromear diciendo: “There’s an app for that” (“Hay una aplicación para eso”).

En Guadalajara, cuando el colectivo de arquitectura Triciclo desarrolla sus proyectos se ve las caras tan sólo una o dos veces por mes. Para ello utilizan herramientas gratuitas de Google, como Wave, Maps, Docs, Calendar. Además usan Dropbox, un “disco duro en línea” en el cual pueden compartir archivos, así como Project Butterfly, un sistema diseñado específicamente para compartir planos en línea. Luis Guillermo Natera, alumno de noveno semestre de Arquitectura en el iteso y co-fundador de Triciclo, reconoce que “no se puede hacer todo de manera digital, sobre todo en la etapa de diseño es necesario que nos sentemos juntos a ver los planos y hacer modificaciones”, pero en la etapa de construcción sí pueden pasar hasta dos meses sin verse en persona.

Hay empresas en las que la única manera de trabajar es utilizando estas herramientas. Alejandro Camacho, a quien entrevisté vía Skype, ya que actualmente radica en Eslovaquia, es analista de negocios para Flextronics, miembro, por tanto, de un equipo global, de modo que debe mantener contacto diario con colegas alrededor del mundo.

A pesar de que cada día se desarrollan más herramientas para trabajar desde casa, los que ya las utilizan no pueden prescindir aún de la oficina. Para Alejandro Camacho, trabajar a distancia “es desesperante”, aunque reconoce que si bien a veces es más productivo: “Mi ánimo es mejor cuando trabajo desde la oficina”.

Lo mismo le ocurrió a Mark Chafkin, quien aseguró al New York Times que durante el experimento de Inc. Magazine fue “mucho más productivo, pero mucho menos feliz. Una de las razones por las que la gente trabaja en revistas es porque son colaborativas”. m.

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