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¿Deberían los padres diseñar a sus bebés?

¿Es legítimo clonarnos? ¿Se debe facilitar la incorporación de material genético no humano en nuestro ADN? ¿Se debe ofrecer a los padres la posibilidad de diseñar a sus bebés? Éstas, junto con otras preguntas, han detonado inquietudes que nuestra moral no sabe cómo resolver.

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Estamos en un umbral tecnológico que nos permite hacer lo inimaginable. Foto: Dullhunk
Estamos en un umbral tecnológico que nos permite hacer lo inimaginable. Foto: Dullhunk

Vivimos en una época de grandes cambios. Los vemos reflejados principalmente en nuestros sorprendentes y poderosos desarrollos tecnológicos. Al mismo tiempo, esos cambios nos presentan opciones inéditas de reproducción de la vida que nos obligan a tomar decisiones que no habíamos tenido que considerar. Han surgido preguntas para las que aún no tenemos respuesta y, si bien tales opciones son prometedoras por la voluntad que tenemos los seres humanos de dirigir nuestros destinos, también son atemorizantes por sus incalculables consecuencias prácticas y teóricas. ¿Es legítimo clonarnos? ¿Se debe facilitar la incorporación de material genético no humano en nuestro ADN? ¿Se debe ofrecer a los padres la posibilidad de diseñar a sus bebés? Éstas, junto con otras preguntas, no sólo han rebasado la literatura de ciencia ficción y fantasía, sino que han detonado inquietudes que nuestra moral no sabe cómo resolver. Estas preguntas requieren respuesta por el hecho mismo de que estamos parados en un umbral tecnológico que nos posibilita hacer aquello antes inimaginable.

Desde las éticas prácticas se abordan estas preguntas a modo de primera defensa, y entre ellas la bioética, como campos desde los cuales se busca comprender y generar propuestas que esbocen respuestas. El diálogo interdisciplinar que promueve la bioética, en torno a principios que aterrizan en la justicia, la libertad y la vida, se ha mostrado como un escenario donde caben todas las voces, las distintas miradas e inquietudes morales, y ha comenzado a ofrecer algunas luces en torno a estos conflictos que, como sociedad, nos causan consternación.

La urgencia por responder estas preguntas se impone frente al surgimiento de ideologías eugenésicas, por una parte, y, por otra, de iniciativas emprendedoras que puedan ofrecer servicios de esta naturaleza. Nuestro gusto por las tecnologías nos empuja a cruzar una puerta que nos llevaría, como sociedad, a vivirnos de un modo nunca antes visto, y que marcaría un cambio radical en la condición humana, comparable apenas quizá con los que provocaron el dominio del fuego o la Revolución Industrial. Esto nos obliga a plantearnos responsablemente dos preguntas con mucha seriedad —y, además, a responderlas—: por un lado, en perspectiva social: ¿tener el poder tecnológico implica la necesidad de usarlo?, y, por otro lado, y desde la perspectiva humanista, la incitante y a la vez prometedora pregunta: ¿quiénes queremos ser? m

 

 

En la web:

:: ¿Bebés patentados?

En Milenio.

En Vanguardia.

:: La eugenesia in vitro está por llegar:

:: No somos cyborgs... todavía.

:: ¿El “mejoramiento humano” es un engaño?


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