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«Migraciones», de Gloria Gervitz

Desde el comienzo de su aventura en el orden de la poesía, Gervitz soñó con un poema interminable. Un poema que comenzó como una plegaria y que a lo largo de 40 años se ha extendido sin dispersarse

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Gloria Gervitz. Foto: aftonbladet.se/tt
Gloria Gervitz. Foto: aftonbladet.se/tt

Migraciones

(Fragmento)

 

Tócame adentro de ti

con esa contención que se desborda

 

tócame

en esta oscuridad del pensamiento

 

en lo incomprensible de mí

en esa otra incomprensible yo

 

                       ah si pudieras tatuarme

si te quedaras ahí

si tan sólo te quedaras

 

como una perra ciega

amamantando

 

quédate

dame las palabras

 

he de arrancarte

he de pisarte

 

tú frágil

tú que tiemblas

 

reconcíliame conmigo

para que la tierra me sea leve

 

no sé cómo seguir

estoy seca.

 

Una de las primeras lecciones que todo poeta aprende proviene de una frase de Paul Valéry: “Los poemas no se terminan, se abandonan”. La sentencia tiene que ver con la aspiración que encierra el difícil arte de fijar, a través de las comunes palabras, una cantidad de energía resultante de una experiencia humana. Tarea siempre perfectible, como perfectible es siempre quien la realiza. Desde el comienzo de su aventura en el orden de la poesía, Gloria Gervitz (Ciudad de México) soñó con un poema interminable. Un poema que comenzó como una plegaria y que a lo largo de los 40 años que le ha llevado a Gloria escribirlo se ha extendido sin dispersarse, como si la misma fuerza expresiva que contiene lo proyectara, exigiéndole a su autora una rigurosa disciplina. Migraciones, con este título se conocen las sucesivas ediciones del poema-libro que consta hasta hoy de diez capítulos y de casi 400 páginas. Migraciones también dentro del texto, escribe Raúl Dorra: “Las palabras se trasladan de sección, o regresan, el blanco de la página crece aquí o allá, los versos se aprietan o se abren para que el silencio los recoja. Se habla o se calla en hebreo, en español, en inglés, en el sueño o en la desgarradura”. Pero, en realidad, ¿a quién pertenece la voz que habla en este fragmento del poema? ¿Quién habita ese al que se dirige apremiante? En él, la poeta afirma no saber cómo continuar y, paradójicamente, de este “no saber” surge la escritura. Al abrirse, en la vigilancia y la espera, Gloria Gervitz fue a su vez abriéndole paso a esa voz que parece venir desde el fondo más lejano, desde la oscuridad misma, y llega hasta nosotros como un inagotable manantial. Editoriales como el Fondo de Cultura Económica han publicado Migraciones en sus diversos estados y amplios fragmentos del poema han sido traducidos a dieciocho idiomas. Gloria Gervitz forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte. m.

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